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Siria, 14 años de guerra: un país en ruinas y un sistema de salud colapsado

Las ciudades que alguna vez fueron prósperas ahora son escombros y la vida cotidiana de los sirios está marcada por la inseguridad, la pobreza extrema y la falta de acceso a servicios básicos.

08/03/2025

A tres meses de la caída de Bashar al Assad, Siria parece un desgastado rompecabezas cuyas piezas políticas, étnicas y religiosas no terminan de encajar en el mapa.

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La guerra civil que golpeó al  país durante 14 años dejó secuelas visibles que se traducen en la  devastación de amplias zonas aún dominadas por la inestabilidad y la violencia.

El  cambio de gobierno, que siguió a la huida de al Assad a Rusia el 8 de  diciembre pasado, posibilitó el regreso de decenas de miles de sirios a  su país, así como el retorno de ONG internacionales. Una de ellas, Médicos sin Fronteras (MSF), solo había estado presente en una pequeña fracción del norte de  Siria durante los últimos años. Ahora, tras la asunción del nuevo líder, Abu Mahameed al Golani, envió misiones a casi todo el territorio.

El panorama que encontraron no es alentador. “Es desolador. Se te encoge el corazón. La situación es crítica”, resumió en una entrevista telefónica desde Damasco el coordinador médico de la misión de MSF, el español Carlos Arias.

Arias, de 35 años, se unió a  Médicos sin Fronteras hace casi una década. Ha cumplido misiones en  Sudáfrica, Congo, la República Centroafricana, Haití, Guinea y México.  Pero se muestra conmovido por lo que se encontró en Siria.

“Cada contexto es distinto, pero el nivel de destrucción que vi en Guta Oriental no lo vi nunca. Me ha impresionado”, afirmó.

Guta Oriental es una zona urbana  ubicada a 10 kilómetros al este de Damasco, la capital. Allí la  destrucción es demoledora. Los edificios que siguen en pie son solo carcasas de lo que alguna vez fue un centro vivo y comercial barrido por años de guerra.

“En  Siria hay siete millones de desplazados y otros 17 que necesitan ayuda  humanitaria, en especial en Guta Oriental, que está destrozada. Está  todo destruido. Allí tenemos una clínica móvil. Pero faltan medicinas,  médicos, enfermeros, psicólogos y trabajadores de la salud en general. No hay agua potable ni condiciones de saneamiento”, contó Arias.

Este escenario, según advirtió,  aumenta el riesgo de enfermedades. “Los hospitales no dan abasto. Faltan  camas. La situación es realmente crítica”, enfatizó.

El país no está totalmente pacificado. En forma periódica se reportan situaciones de violencia en distintas zonas.  Los combates entre milicias kurdas y grupos islámicos proturcos han  dejado decenas de víctimas. Incluso, el temible Estado Islámico, que  llegó a crear un Califato hace apenas 10 años en un vasto territorio  entre Siria e Irak, aún controla algunas áreas dispersas.

“Podemos entrar en todos los distritos, pero dentro de cada zona hay áreas donde no podemos ir”, contó.

“La violencia ha disminuido, pero todavía es alta en algunas zonas. En Menbij, al norte de Alepo, hay tensión entre varios grupos armados. Esta situación impide a las personas desplazadas volver a sus hogares.  Necesitamos garantizar condiciones de seguridad para que la gente pueda  regresar a sus casas. Pero hay mucha desconfianza”, dijo Arias.

Hoy,  Médicos sin Fronteras tiene acceso a la mayor parte de Siria, con el  apoyo de las nuevas autoridades del Ministerio de Salud y las distintas  comunidades. “Realmente es la confianza del pueblo lo que nos da  seguridad para mantener operaciones en sitios altamente violentos. La  zona más difícil es lo largo del río Eufrates, en Menbij, en el norte  del país”, indicó.

En Damasco y Alepo, la organización montó equipos móviles que atienden a más de 100 pacientes por día. “Las necesidades son muchas. La gente necesita comida y un sitio para  vivir. En materia de salud debemos priorizar las medicinas, el agua y el  saneamiento. Ahora tenemos 0 grados y la gente vive en tiendas de  campaña y tiene que vender lo poco que poseen para calentarse”, comentó.

Médicos sin Fronteras envió equipos a todos los rincones del país. Son unas 500 personas desparramadas en el noroeste, el nordeste, el sur, zonas costeras y rurales, y las ciudades de Hama, Homs y Damasco.

“Hay  muchos problemas. La violencia no se ha ido. Las minas antipersonales  son un problema, en especial para los niños. Hay brotes de enfermedades,  epidemias y, sobre todo, hace mucho frío y, cuando llueve, todo se  inunda. Hay mucha incertidumbre por el futuro”, concluyó Arias.

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