¿Son necesarios? ¿a quiénes benefician y quiénes no los necesitan?. Los especialistas explican qué dice la ciencia y qué conviene tener en cuenta antes de sumarlos a la dieta diaria.
En los últimos años, los productos con proteínas agregadas ganaron terreno en supermercados, gimnasios y hasta quioscos.
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Yogures, galletitas, barritas y hasta bebidas vegetales se presentan como opciones funcionales para una alimentación más saludable.
Pero, ¿realmente todas las personas necesitan consumir más proteínas?
“La mayoría de las personas sanas que siguen una dieta equilibrada ya alcanzan los niveles de proteínas recomendados sin necesidad de productos adicionales”, señala el Dr. Christopher Gardner, director de estudios de Nutrición en la Universidad de Stanford, Estados Unidos.
Según estudios recientes publicados por StudyFinds, muchas personas que consumen estos productos no presentan déficit proteico y, por tanto, podrían estar ingiriendo más de lo necesario.
En la actualidad, la ingesta proteica recomendada ronda entre 0,8 y 1 gramo de proteína por kilo de peso corporal para adultos sin requerimientos especiales. Las necesidades pueden aumentar en personas mayores, deportistas o en períodos de recuperación muscular, pero no necesariamente justifican el uso regular de productos enriquecidos.
No todos los cuerpos ni todas las etapas de la vida tienen las mismas demandas nutricionales. “En personas mayores de 60 años, el consumo adecuado de proteínas puede ayudar a prevenir la pérdida de masa musuclar y funcionalidad”, explica Francisca Sutil, nutricionista y académica de la Universidad de Chile.
Lo mismo ocurre en personas con dietas restrictivas, deportistas de alto rendimiento o pacientes con ciertas enfermedades crónicas.
Además, en dietas vegetarianas o veganas donde las fuentes proteicas animales están ausentes, algunos productos enriquecidos pueden ser un buen recurso, siempre y cuando se integren dentro de una alimentación variada y controlada.
Aunque las proteínas son nutrientes esenciales, el exceso —especialmente si proviene de suplementos o productos ultraprocesados— puede generar efectos no deseados. Desde digestiones pesadas hasta mayor carga renal, su consumo desmedido no está exento de riesgos. Además, muchos alimentos enriquecidos vienen acompañados de altos niveles de sodio, azúcares o grasas saturadas.
La clave, según los expertos, está en el equilibrio. Antes de incorporar estos productos como hábito diario, se recomienda evaluar si realmente son necesarios, qué otras fuentes de proteína se están consumiendo y qué otros ingredientes contiene el producto. La etiqueta nutricional es una herramienta clave para tomar decisiones informadas.