“Si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros dejamos en claro que el voto más importante de todos es el que se hace por los pies y anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros.
Por Daniel Santa Cruz
Para La Nación
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Por eso buscamos ser una potencia, a punto tal que ellos prefieran ser argentinos, que no haga falta usar la disuasión o el convencimiento para lograrlo”, así sorprendió a todos el presidente Javier Milei con su discurso en Plaza San Martín en el homenaje a los caídos, a 43 años del inicio de la Guerra de Malvinas.
Es la primera vez que un presidente argentino reconoce públicamente el derecho a la “autodeterminación” de los isleños, incluso violando con su prédica la Constitución Nacional que, en la Disposición Transitoria Primera en su reforma de 1994, establece el deber irrenunciable de trabajar por la soberanía de las islas respetando el modo de vida de sus habitantes. El Presidente habló de la necesidad de que la Argentina sea un país desarrollado económicamente, con una buena calidad de vida para sus habitantes, “para que los isleños elijan ser argentinos”. Nadie le advirtió que los kelpers ya tienen un ingreso per cápita similar al de los habitantes del principado de Mónaco, esa calidad de vida ya la tienen y no les seduce esperarnos.
Milei dijo todo lo contrario a lo que señala la Carta Magna, es más, dos horas después, su vicepresidenta, Victoria Villarruel, encabezó un acto en Ushuaia, donde convocó a un proceso de “malvinización”. Además, Villarruel pidió construir un acuerdo continental con acciones y políticas de defensa que eviten que “saqueen y degraden” las riquezas de las islas y vayan contra la “sustentabilidad”. La vicepresidenta se diferenció notablemente del Presidente, que habló solo unas horas antes, a 3000 kilómetros de distancia, en Buenos Aires. La imagen del gobierno argentino provocó incertidumbre y hasta ironías en los isleños. Ayer, un comerciante kelper con el que suelo intercambiar mensajes dijo: “es increíble que esperen algo de nosotros cuando ni ellos dos se ponen de acuerdo”.
Por más que luego algunos funcionarios, que suelen oficiar de exégetas de la incontinencia verbal del Presidente, intentaron bajar un tono y dijeron que “no dijo lo que dijo”, el daño ya está hecho. Habría que pensar si alguien aconseja previamente a Javier Milei. Puede ser que Malvinas no sea un tema de agenda prioritaria para el Gobierno y no esté entre las demandas de una sociedad que tiene otras y variadas, relacionadas con su calidad de vida, pero lo de ayer de Milei despierta una gran preocupación, por lo volátiles y endebles que son sus posiciones. Vale recordar que la Argentina se abstuvo a fines de febrero de apoyar un pedido de Ucrania en la ONU, en el cual se exigía a Rusia retirar “de inmediato, por completo y sin condiciones, todas sus fuerzas militares”. Cambió su voto anterior de condena. ¿Lo hizo a pedido del gobierno de los Estados Unidos de Donald Trump? Todo parece indicar que sí.
Estados Unidos cambió el eje de la posición de su país frente a la invasión de Rusia sobre Ucrania desde la llegada de Trump al poder, además de ridiculizar en vivo, y ante las cámaras de televisión, a Vladimir Zelenski en la misma Casa Blanca. La llegada del “amigo” Donald hizo que Javier Milei se encolumnara en sus filas, como un verdadero “fan” de sus ideas y su personalidad, y comenzó a abrevar en todas las agrupaciones estadounidenses e internacionales, ultraconservadoras y de extrema derecha, que consideran a Trump un faro ideológico y de poder para el nuevo orden mundial. Ayer, justamente, todos aplaudieron al presidente de Estados Unidos en el llamado “Día de la Liberación”, donde presentó ayer, desde la Rosaleda de la Casa Blanca, nuevos detalles de su plan económico, incluidos aranceles recíprocos a múltiples países. Cambia la economía, es “barajar y dar de nuevo”, una decisión que puede tener resultados negativos sobre todo para las economías emergentes.
De todos modos, Milei viajó anoche a los Estados Unidos con la excusa de recibir el premio “León de la libertad”, entregado por MACA y We Fund The Blue, dos fundaciones que se dedican a “promover la libertad”. Los premiados serán Trump, Milei, la argentina Natalia De Negri (recordada por ser protagonista del caso Coppola en los 90) y el político mexicano de extrema derecha Eduardo Verástegui, un actor que busca ser presidente de su país, recordado porque en la última Conferencia de Acción Conservadora (CPAC) realizó el clásico saludo nazi con el brazo derecho extendido, generando rechazo y polémica.
Este sería el 16° premio que recibe Javier Milei, que se ha vuelto adicto a ellos y los presenta como un logro de su liderazgo, cuando, en su mayoría, son fundaciones u organizaciones conservadoras que buscan recaudar fondos, como hacen muchas en el mundo, y para ello inventan premios que son otorgados a personalidades públicas. La posibilidad de que algún presidente reciba su premio les brinda una mayor exposición ante el público en general y de sus aportantes. La gran diferencia es que algunos presidentes europeos que han recibido esos premios no viajan a buscarlos porque no los toman con seriedad y no quieren perder tiempo de su gestión viajando solo por ese cometido. La diferencia es que Milei viaja. El único de relevancia podría ser el Premio Génesis, otorgado por su inclaudicable apoyo a Israel, de todos modos, el presidente innecesariamente lo llamó Premio Nobel Judío. Rarezas de su personalidad.
El viaje de Milei a Estados Unidos es el noveno desde que asumió y el tercero en lo que va de este año. En enero participó de la asunción de Trump; 27 días después lo abrazó durante la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC). Milei aún no ha conseguido todavía su mayor objetivo: la foto en el salón Oval. Milei pretende ser el primer presidente latinoamericano en visitar a Trump en la Casa Blanca. Deberá apurarse ya que el salvadoreño Nayib Bukele anunció que tiene agendado hacerlo en algún momento de abril.
El tema del alineamiento con Donald Trump se coló en el discurso de Milei sobre Malvinas. Su posición discursiva frente a los “malvinenses” (ningún presidente argentino antes los llamó así) puede estar ligada al nuevo orden mundial con las reglas que impone el presidente republicano, Milei se subió al tren sin medir consecuencias y ahora, con la necesidad casi desesperada de lograr su intervención para conseguir su apoyo en las negociaciones con el FMI, no sería descabellado que este lazo histórico e incondicional entre Estados Unidos y el Reino Unido, mucho más de parte de los sectores más reaccionarios y conservadores de ambas naciones, obligue a Milei a este giro discursivo en la cuestión Malvinas que puede generarle problemas internos.
Los isleños son sujeto de derecho, hay que respetar su modo de vida como señala la Constitución, pero el histórico reclamo de soberanía, con triunfos en la ONU -como el conseguido en 1965 de la mano del expresidente Arturo Illia, donde el mundo reconoció la disputa de soberanía sobre al archipiélago- puede quedar más que rezagado por un cambio de posición en la política internacional, como se vio ayer: el Presidente y la vice dijeron cosas absolutamente distintas sobre un tema tan delicado para todos los argentinos como las islas Malvinas. Justo el día que había que tributar honor y respeto por los caídos, por sus familiares y por la memoria colectiva, el Gobierno, a través de sus dos máximos exponentes, dejó que la improvisación se impusiera a la historia. Ningún premio, de ninguna fundación, ninguna amistad política que genere alineamientos internacionales es más importante que la memoria y el sentimiento colectivo de una sociedad lastimada por la historia.