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Opinión y Actualidad

El día que todo estalló en pedazos

Se sabe que Churchill y De Gaulle se aborrecían cordialmente. Pero ninguna obscenidad resultó pública. El caso de Trump y su maltrato a Zelensky.

10/03/2025

Por Marcelo A. Moreno
Para Clarín

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Se objetará, y no sin razón, que no fue un día. Que se trató o trata de un proceso con nítidos síntomas, claros comienzos, un desarrollo en curso y un fin -si hay algo parecido- alojado en su totalidad en la retorcida y sofisticada mente de un dios mudo e inverosímil.

Pero todos aquellos -o casi- que hemos nacido en el siglo XX al menos sentimos que el día en que Trump y su vice Vance zarandearon, retaron y maltrataron a Zelensky en el salón Oval de la Casa Blanca y ante las cámaras del mundo para que todo terminara con el secretario de Estado Rubio echando al jefe de Estado ucraniano de la residencia luego de haber pisoteado el protocolo establecido, algo de nuestro propio orden personal había estallado. Y no es una cuestión de formas. Es que los pedacitos que quedaron esparcidos en completo desorden por allí y por allá ya no sirven para armar un prosaico rompecabezas, ya que la mayor parte de ellos resultan indefinibles.

Porque se sabe y de sobra que Churchill y De Gaulle se aborrecían cordialmente y que en no pocos encuentros se dijeron de todo y más. Pero las procacidades quedaron en el ámbito privado y ninguna obscenidad resultó pública.

Y no es que no hubiera pasado nada en los últimos 75 años: desde la crisis de los misiles hasta la caída de la Unión Soviética, pasando por las guerras de Corea, Vietnam, Serbia-croata, Iraq-Irán, Malvinas, Medio Oriente varias, Afganistán, Sudán, sólo por nombrar a algunas. Todo bastante horrible pero claro. No obstante, desde que Trump y sus muchachos egotistas plantearon el escenario de humillar en público a un aliado, el mundo quedó patas para arriba.

Encima, como al pasar, Trump declaró que se piensa apropiar de Groenlandia, la isla más grande del planeta, que pertenece, cosas de la vida, casualmente a Dinamarca en calidad de estado autónomo. Y Dinamarca, que se sepa, no es enemigo de los EE.UU. sino un aliado y amigo. Es cierto que las amenazas de Trump a veces quedan sin demasiada terminación, como el muro con México, pero tampoco conviene tomar a la chacota al señor de los millones y los fierros.

Eso fue un poco demasiado para quienes venimos vapuleados por la abolición de la privacidad, las relaciones virtuales, la ausencia -¿por falta de apreciación?- de la verdad, las libertades pero también el yugo del universo digital, todo en medio de una infinita serie de mutaciones que van desde el cambio climático hasta lo más íntimo de la vida cotidiana.

Pero desde hace unos días nos venimos a enterar, con sinceridad brutal, que EE.UU. es aliado de Rusia y mantiene una tensa enemistad con toda Europa Occidental -de Ucrania, ni hablar-, mientras planea anexar Canadá y apropiarse del Canal de Panamá. Y su flamante presidente quiere hacer una Riviera francesa en la hundida franja de Gaza. ¡Devuélvanme el mundo! ¡Se me perdió!