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Opinión y Actualidad

La guerra cultural sofocará las relaciones políticas del siglo XXI

La confrontación de ideas es un duelo entre progresistas y reaccionarios; la llegada de Trump al poder reactivó el debate entre iluminismo y oscurantismo.

26/02/2025

Por Carlos Mutto (*), en diario La Nación
Was ist Aufklärung? (¿Qué es el Iluminismo?) Esa inquietante interpelación, que estremece al mundo intelectual desde hace dos siglos y medio, tuvo un nacimiento humilde, como todas las grandes aventuras del ingenio humano. Apareció por primera vez en diciembre de 1783 en un modesto pie de página de un artículo publicado por el pastor Johann Friedrich Zöllner en el Berlinische Monatsschrift, órgano oficioso de la Mittwochsgesellschaft (Sociedad de los Jueves), que operaba como un cenáculo de sabiduría impulsado por Federico el Grande para acelerar la transición de Prusia a la modernidad. El prestigioso teólogo protestante jamás se hubiera atrevido a imaginar la explosión en cadena que desencadenaría ese interrogante en un comentario que solo pretendía responder al autor anónimo de un artículo que había salido dos meses antes en el mismo Monatsschrift, apoyando la adopción del matrimonio civil. Una libertad de esa índole, advertía la respuesta, podría favorecer uniones celebradas “fuera de la competencia de las iglesias e incluso entre personas de diferentes confesiones”. Lógica secuela de las “teorías desconcertantes” que “circulaban en nombre del iluminismo”, la propuesta podría llegar, incluso, a representar una “amenaza para los intereses del Estado”.

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Was ist Aufklärung? Tras remitir a pie de página la imprescindible explicación de ese “neologismo”, Zöllner tuvo el infortunio de lanzar un desafío que aún continúa vigente: “Ese interrogante, casi tan importante como ‘¿qué es la verdad?’, debería ser respondido antes de que uno comience a iluminarse. Y todavía no encontré esa respuesta en ninguna parte”, sentenció con arrogancia.

Los 242 años transcurridos desde ese momento no alcanzaron a saldar el duelo entre iluminismo y oscurantismo, que es un debate mucho más profundo y esencial que las discordias ideológicas que estremecieron a Occidente desde ese momento. La Biblia, aunque sirva solo como referencia histórica, remite al origen de los tiempos esa lucha perpetua entre luz y penumbra, que revistió formas diferentes en el curso de las diferentes épocas. Ese enfrentamiento milenario acaba de sufrir una nueva aceleración con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, con su aspiración de imponer nuevos dogmas, impugnar avances científicos y desintegrar ciertas formas de convivencia pactadas por las diversas generaciones para coexistir en un marco de mínima armonía.

No es casual, sin duda, que el Iluminismo –también conocido como Ilustración o Siglo de las Luces– haya surgido casi 100 años antes del interrogante planteado por Zöllner. El movimiento promovido por los sectores más dinámicos de la época pretendía responder a los desafíos e incertidumbres que le planteaba a un mundo ávido de conocimientos esa profusión de descubrimientos, invenciones y cambios que bullía en toda Europa, transformada en probeta experimental. El fenómeno llegó incluso a Rusia, donde la zarina Isabel abrió las puertas de los salones culturales de San Petersburgo a Voltaire, Diderot y parte de la intelligentsia europea de la época. Ese asombroso caldo de cultivo inspiró las principales ideas que innovaron el conocimiento universal y grandes transformaciones radicales, como la Revolución Francesa, la Revolución Industrial o la igualdad de géneros enunciada por la inglesa Mary Wollstonecraft en su tratado Vindicación de los derechos de la mujer, de 1792.

Sapere aude (atrévete a ser sabio), postulaba el motto del Iluminismo, lanzado como desafío por el filósofo alemán Emanuel Kant a partir de 1784 en respuesta a Zöllner. Su réplica, desarrollada en tres volúmenes célebres (Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio), constituyó en definitiva el corpus de ideas modernistas que abrió el camino a la democracia republicana y a los valores de tolerancia que fueron luego codificados en el siglo XX. Del tronco del Iluminismo brotaron cantidades de doctrinas, principios e instituciones de regulación de la vida social, muchas de ellas impugnadas por líderes e ideologías que terminaron siendo irreconciliables. Dos siglos y medio después, Donald Trump y el líder ruso Vladimir Putin abandonaron toda forma de moderación para coincidir en las ventajas de concentrar el poder en manos de regímenes fuertes y repartir sus ambiciones imperiales en zonas de influencia.

A pesar de los retrocesos que padecieron los ideales del Iluminismo a través de la historia, la creencia casi religiosa en el progreso acaba de sumergirse en otro enfrentamiento con las fuerzas del oscurantismo en el marco de una guerra cultural que dominará probablemente buena parte del siglo XXI.

Como todo conflicto sociopolítico, el enfrentamiento de ideas es, por definición, una confrontación entre progresistas (alternativamente llamados marxistas, comunistas, zurdos o wokistas) y conservadores (con frecuencia calificados de reaccionarios, retrógrados, derechistas o fascistas). En ambos casos, se trata de definiciones reduccionistas y peyorativas, que solo resultan útiles para entender sus posicionamientos y repulsiones.

Esta vez, los perfiles de ese duelo quedaron sintetizados en el mensaje que leyó el vicepresidente norteamericano, J. D. Vance, el 14 de febrero ante la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde articuló sin pudor la visión maximalista de Trump para Europa y reclamó el levantamiento del “cordón sanitario” que bloquea el acceso de las fuerzas neonazis al poder. Esa idea traduce los proyectos de los ideólogos que acaban de ingresar a la Casa Blanca, partidarios de crear una “internacional conservadora”. Pero, curiosamente, también coincide con los esfuerzos que despliega el Kremlin para crear una fuerza de extrema derecha en cada país europeo para que juntos operen como colchón de protección frente a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), que Vladimir Putin considera la mayor amenaza para los intereses estratégicos rusos.

Independientemente de los riesgos existenciales que plantean las amenazas de Estados Unidos (retiro de la OTAN y acuerdo bilateral con Rusia para terminar la guerra de Ucrania sin participación del gobierno de Kiev ni de Europa), la coincidencia entre Washington y Moscú introduce un cambio radical en los equilibrios estratégicos que prevalecen en Europa desde 1945. Y una de las grandes diferencias era, hasta ahora, precisamente de carácter cultural. Vance se permitió incluso darles una lección a los europeos sobre el significado de algunos principios esenciales, como la libertad de expresión, los riesgos que representan la ideología nazi y el funcionamiento de las instituciones en la Unión Europea (UE), incluyendo la justicia. En el terreno doctrinario, Vance y Musk expusieron inquietantes coincidencias con las tesis del principal ideólogo de la extrema derecha rusa, Alexandr Dugin.

El filósofo alemán Jürgen Habermas, considerado uno de los mayores pensadores contemporáneos, se confesó consternado por el estallido de una guerra cultural que “moviliza incluso la tecnología de Silicon Valley” para disparar proyectiles ideológicos “contra el núcleo racional de la tradición iluminista”. La alusión a la red social X de Elon Musk era transparente.

Esa movilización general sugiere que –al igual que en el terreno militar– preparativos de esa índole suelen marcar el comienzo de un nuevo conflicto. El único riesgo reside en que, como demuestran los antecedentes de 1917 en Rusia y 1930 en Alemania, los europeos saben por experiencia que las guerras culturales son siempre el preludio de desatinos incontrolables.

(*) Especialista en inteligencia económica y periodista