Rosario. Las víctimas estaban a punto de casarse. El atacante planificó los homicidios, limpió la escena del crimen y le mandó mensajes a los empleados de la mujer para despistar.
Mauricio Cristian Marionsini, un exintegrante de la Prefectura Naval Argentina (PNA), asesinó a puñaladas a su mamá, a la pareja de ella y les robó todo el dinero que había en la casa. Sin embargo, antes de poder escapar de la ciudad, fue detenido por la Policía. Este viernes lo condenaron a prisión perpetua.
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El brutal episodio ocurrió el 20 de enero de 2024 en una vivienda ubicada en Vera Mujica al 4800, en el barrio Plata de Rosario. A poco más de un año del hecho, el agresor reconoció su responsabilidad y acordó un juicio abreviado en el que fue sentenciado a la pena máxima.
El tribunal integrado por los jueces Pablo Pinto, Mariano Aliau y Hebe Marcogliese lo responsabilizó por los delitos de homicidio calificado por el vínculo, por mediar un contexto de violencia de género, por ensañamiento y por alevosía (en el caso de su madre), y homicidio calificado por ensañamiento y por alevosía (por el ataque a Martini). A esto se le agregó hurto agravado, por el robo de dinero y mercadería del inmueble y de la granja de las víctimas.
Doble crimen, robo y un mensaje
Marionsini tuvo un breve paso por la Prefectura Naval Argentina (PNA), vivió cinco años en Miami y regresó a Rosario, su ciudad natal.
La madre y su pareja
Aquel 20 de enero, el atacante tenía todo preparado. Llegó hasta la casa de su mamá, Tamara Marionsini, de 53 años, y cuando ella se fue a apagar las luces del negocio, una despensa que tenía allí mismo, él la atacó. Tras ello, fue hasta la habitación donde se encontraba la pareja de la mujer, Silvio Rubén Martini, de 65, y lo apuñaló.
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Después del doble crimen, Marionsini robó plata del almacén, se quedó con los celulares de su mamá y la pareja y se fue a su casa, ubicada en la parte trasera de la propiedad, para cambiarse de ropa. Al regresar, comenzó a limpiar la escena del ataque y ocultó los cuerpos en bolsas de consorcio. También lavó las sábanas que estaban manchadas con la sangre de Martini.
Antes de escapar, el atacante le mandó mensajes a los empleados de su mamá para decirles que la despensa no iba a abrir ese día. Esta situación generó sospechas, ya que Tamara solía mandar audios, tanto a ellos como a sus clientes.
Durante la tarde de ese mismo día, alertados por los vecinos, personal del Comando Radioeléctrico llegó al lugar y encontró los cuerpos de las víctimas. El acusado había escapado, pero horas más tarde fue detenido.