Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes, el segundo largometraje de Mascha Schilinski encierra en un caserón de la Alemania rural un relato en torno a cuatro generaciones de mujeres, no todas con vínculos familiares.
Por Eulàlia Iglesias
Para Fotogramas
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No es habitual ver algo así. El segundo largometraje de Mascha Schilinski impacta por una cualidad cada vez menos común en el panorama contemporáneo: una ambición estética plenamente lograda en todos los ámbitos, de la hipnótica e inquietante dimensión sonora a la compleja estructura narrativa pasando por la belleza de las imágenes. 'El sonido de la caída' encierra en un caserón de la Alemania rural el relato en torno a cuatro generaciones de mujeres, no todas con vínculos familiares. La directora resigue la historia íntima de una serie de personajes femeninos cuyas vivencias (el despertar sexual, la presencia constante de la muerte, las vínculos maternofiliales, la violencia y los abusos, los ecos de las guerras…) se entrelazan más allá de la temporalidad lineal, en una dimensión que bordea a menudo el fantástico.
Schilinski convierte el cine en la disciplina artística más apropiada para sumergirnos emocionalmente en una experiencia diversa e interrelacionada de esa subjetividad femenina a la que tradicionalmente no hemos tenido acceso, mediante una serie de personajes que nos acaban interpelando de forma directa.
Para dejarse subyugar por una de las revelaciones fílmicas de la temporada.