Entonces, en medio del shock y la desesperación de ese momento, todo empeoró: el padre tomó un arma de fuego y se disparó en la cabeza delante de los médicos y pacientes que estaban en el lugar.
El informe forense reveló que la nena murió por una anoxia encefálica causada por asfixia mecánica, producto de una compresión torácica y abdominal.
Los especialistas confirmaron que se trató de una muerte homicida y que el cuerpo presentaba múltiples lesiones previas, compatibles con episodios de violencia ocurridos semanas o incluso meses antes.
Estos datos refuerzan la principal hipótesis de los investigadores, que buscan determinar si la menor fue víctima de violencia sostenida en el tiempo.
Respecto al hombre, la autopsia indicó que murió por un traumatismo encéfalo craneano grave provocado por un disparo de arma de fuego, y calificó el hecho como suicidio.
La causa quedó en manos del Ministerio Público de Bolivia, que intenta reconstruir cómo ocurrieron los hechos y establecer responsabilidades. También se investiga el entorno familiar de la nena y las condiciones en las que vivía.