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Opinión y Actualidad

Crítica de "Pillion"

Ópera prima de Harry Lighton, premiada en Cannes, en la que los protagonistas, interpretados por Alexander Skarsgård y Harry Melling, se entregan a un juego de poder tan incómodo como inesperadamente repleto de compasión y de corazón.

Hoy 06:58

Por Beatriz Martínez
Para Fotogramas

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Hay películas que sorprenden, no solo porque sean óperas primas y haya una ausencia casi total de referentes acerca del autor y de su estilo, sino porque nos proponen introducirnos en universos poco explorados en la ficción y, además, lo hacen desde una perspectiva basada en un juego entre contrarios: entre la crudeza y la ternura, y, en este caso en particular, entre el cuero y la caricia.

Tras curtirse en el cortometraje 'queer', Harry Lighton debuta en el largo con 'Pillion', en la que se mezcla la rudeza del cine británico con la exploración de los entornos BDSM, casi como si se tratara de una fábula retorcida de amor y posesión entre Ray, un motorista macho alfa, y Colin, su polluelo sumiso, encarnados con precisión descarnada por Alexander Skarsgård y Harry Melling. El juego de poder al que se entregarán resulta tan incómodo como al mismo tiempo inesperadamente repleto de compasión y de corazón.

Y todo gracias a una puesta en escena en la que prima una observación minuciosa y precisa a la hora de escoger cada gesto y cada mirada repleta de significado. La cámara nos irá introduciendo en el espacio de máxima intimidad que habitan los protagonistas, en el que nadie debería entrar, pero su objetivo resulta de lo más pudoroso a la hora de captar su cotidianidad diaria.

Así, iremos asistiendo a la evolución de esta extraña relación, que siempre estará dentro de los límites del consentimiento, a pesar de las constantes humillaciones a las que se verá sometido el personaje de Colin en una especie de juego a medio camino entre lo tóxico y lo liberador.

'Pillion' explora el deseo, los límites del abuso, la identidad y los vínculos afectivos. Lo hace desde un lugar alejado completamente de los estereotipos, abrazando un espacio de vulnerabilidad muy profunda, tan contemporáneo como desgarrador y extrañamente hermoso. De hecho, el título hace referencia a la persona que se sienta en la parte trasera de una motocicleta y que sirve también para jerarquizar una relación, en este caso, sumisa. Pero lo que veremos en el film es como Colin no se conforma con ese asiento para escapar de la cosificación y sentirse por una vez una persona humana y sensible.