La afirmación constituye una realidad geopolítica. El Reino Unido amplía su dominación sobre territorio argentino, ante la indiferencia de los gobiernos locales.
Por Daniel Guzmán (*), en diario Ámbito
El título de la nota no busca el impacto emocional, sino la descripción de una realidad geopolítica: el pueblo argentino de 1982, que aún bajo dictadura sostuvo la integridad territorial, ha sido sustituido por sucesivos gobiernos que vinieron a administrar el desguace y la entrega. Una política que, a 44 años del conflicto, se convierte en la radiografía de la capitulación y la desintegración.
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El "hecho maldito" y la expansión del despojo
En 1965, Argentina logró que la Asamblea General de la Naciones Unidas emitiera la Resolución 2065, reconociendo a la disputa de soberanía por las Islas como un caso de colonialismo. Sin embargo, el intento fallido de recuperación por la fuerza en 1982 funcionó como el "hecho maldito" de nuestra soberanía. Un acto no planificado y de máxima irresponsabilidad militar, que le otorgó al Reino Unido la excusa perfecta para congelar el diálogo y transformar a las Islas Malvinas en un enclave militar inexpugnable y en la fuente de riquezas donde materializar un robo monumental.
De esa manera, para los soldados que combatimos contra las tropas británicas, la derrota militar mutó en entrega política. Toda vez que la ocupación colonial se expandió en estos 44 años, de los 14.800 kilómetros cuadrados en 1982, al millón 600 mil kilómetros cuadrados de 2026, y que se tradujo en un saqueo anual de 250.000 toneladas de recursos pesqueros ante la mirada pasiva de un Estado que ha renunciado a su rol de custodio.
La anestesia social y el gobierno de facto británico
El hecho central de la expansión colonial se nutre de la falta de percepción de la invasión. La sociedad argentina, y la fueguina en particular, no internalizó que somos una nación usurpada y saqueada. No hay conciencia de que Gran Bretaña gobierna de facto una porción inmensa de nuestro territorio insular y marítimo del Atlántico Sur. Esta ausencia de compromiso con el presente es el vector que le garantiza al enemigo la existencia de una Nación con sobrado desinterés por el hoy y por el mañana.
Así, en estos 44 años, existe una Argentina que prefiere la comodidad de la ignorancia para no confrontar ni con la realidad de la entrega política, ni con la expansión británica en el sur de la Patria. Reducido a la defensa de la soberanía, a una "ventana temporal" de 24 horas cada 2 de abril. Un rito de honras, medallas y llanto, que se clausura herméticamente el 3 de abril para volver a la indiferencia.
Se denuncia el colonialismo en los foros, pero se convive con él con una naturalidad que no es otra cosa que connivencia con el usurpador.
Desmalvinización educativa y abandono institucional
Este vacío de conciencia no es casual: es el resultado de una política de estado destinada a desmalvinizar. El sistema educativo nacional sostiene la causa sobre el dolor de la muerte de los soldados, pero evita el análisis del saqueo actual. Es alarmante la apatía del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN): las universidades argentinas no impulsan estudios profundos sobre lo que acontece en el Atlántico Sur. Al no investigar el despojo, Malvinas, académicamente, se vuelve invisible.
El cuadro se completa con una Cancillería Argentina que guarda un silencio cómplice ante acciones de propaganda británica que captan a estudiantes universitarios argentinos bajo certámenes como el: "Why I’d like to meet my neighbors from the Falkland Islands" / “Por qué me gustaría conocer a mis vecinos de las Falkland Islands”. No hay explicaciones oficiales sobre vuelos permanentes a las islas ni sobre la navegación de buques científicos británicos con pabellón ilegítimo de Malvinas en nuestras aguas. Esta orfandad estratégica de la Cancillería es la renuncia formal y real a la defensa del territorio.
La constitución Kelper vs la constitución de Tierra del Fuego
Mientras la colonia implantada en las Islas Malvinas se ha dictado una constitución de 100 artículos, dedicada exclusivamente a legislar la expansión territorial, establecer el saqueo y planificar su autodeterminación, la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur ha dictado una carta magna en la cual no existe ningún capítulo, ningún artículo, ningún anexo, que mencione y legisle políticas de Estado sobre las Islas Malvinas, sobre el Atlántico Sur y la Antártida.
El punto de no retorno
La capitulación llega a su punto crítico cuando el presidente Javier Milei, la máxima autoridad de la Nación, en declaraciones al diario británico The Telegraph el 29 de diciembre pasado, supeditó la recuperación de las islas a la voluntad de los colonos, textualmente: “el territorio solo debería regresar a Argentina mediante negociación y cuando los isleños así lo deseen”. rompiendo una doctrina de 192 años de defensa, iniciada por Manuel Moreno en 1833. Un quiebre que valida la “libre determinación” de una población implantada y que lleva a la Nación al borde de la pérdida definitiva en el campo diplomático. Dejando -ahora sí- como una de las pocas alternativas concretas de recuperación diseñar un plan de defensa militar para la expulsión definitiva del imperio británico.
Hoy, la patria por la que fuimos a pelear ya no existe. Ha sido reemplazada por una sociedad individualista, una estructura académica y universitaria indiferente, una cancillería cómplice y una dirigencia que admira al usurpador.
Si la soberanía no es la ocupación efectiva, la administración de los recursos, la defensa del suelo y la voluntad inquebrantable de no negociar la entrega, lo que queda es un territorio en liquidación que en 1982 fue regado con sangre limpia de 649 argentinos.
Luego de haber transitado estos 44 años, siendo testigo de este presente devastador, minado de indiferencia y de gobiernos que han desertado de la Causa Malvinas, hubiera sido mejor no haber vuelto de la guerra. Porque es preferible mil veces el honor de la muerte en batalla, que la vida de un sobreviviente que hoy camina por una Patria que ya no existe, convertido en un extraño en su propio suelo, viendo como se liquida el presente y el futuro por el que sus hermanos dieron la vida.
(*) Soldado Combatiente de Malvinas del Regimiento de Infantería 25. Periodista. Director del sitio web Agenda Malvinas.