Una espiritualidad auténticamente transformadora, la cercanía con Dios o su búsqueda sincera en el silencio, que es dónde habita, deberían ser una prioridad en estos días para los cristianos.
Por Guillermo Marcó
Para Clarín
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La Semana Santa es un momento importante del calendario cristiano. Para muchos son solo días de vacaciones, pero durante su transcurso los cristianos evocamos la pasión, muerte y resurrección de Jesús. El tiempo de cuaresma que la precede -los cuarenta días previos a la Pascua con la que concluye- es de preparación para acercarse a la vivencia de este misterio con el corazón renovado.
¿Revivirlo es solo acercarnos a él desde la mera perspectiva histórica? Dentro de las situaciones que la vida nos presenta, la religión puede ser una experiencia alegre de salvación por mis pecados o la mochila pesada de la culpa, de una existencia opresiva de la que es mejor huir. En ese sentido, revivir la Pascua debería ser una experiencia salvífica, aunque no siempre necesito ser salvado de las mismas cosas.
¿El modo de vivir espiritualmente el misterio es siempre el mismo? Un error muy común a la hora de encarar la vida religiosa es creer que la fe es algo estático, siempre igual. Es verdad que los ritos suelen tener características similares, pero nosotros no somos los mismos.
El sacerdote Jesuita Antony de Mello, en su libro "El canto del pájaro”, transcribe diversos relatos de maestros espirituales. En uno de ellos cuenta que una vez le preguntaron a un Maestro: "¿Qué es la espiritualidad?" y él respondió: "La espiritualidad es lo que consigue proporcionar al hombre su transformación interior".
Su interlocutor le preguntó a su vez: ¿Pero si yo aplico los métodos tradicionales que nos transmitieron los maestros, ¿no es eso la espiritualidad?. El maestro le respondió: "no será espiritualidad si no cumple para ti esa función de transformación. Una manta ya no es una manta si no te da calor”.
El discípulo quedó pensativo...¿De modo que la espiritualidad cambia? El maestro respondió: “Las personas cambian, y también sus necesidades. De modo que lo que en otro tiempo fue espiritualidad ya no lo es. Lo que muchas veces pasa por espiritualidad no es más que la constancia escrita de cosas que te sirvieron en el pasado".
¿Pero no corremos el riesgo de caer en una repetición mecánica de los rituales? Todo misterio de fe que se celebra cada año tiene una parte repetitiva, lo que se hace siempre. El problema es cómo adentrarse en ese misterio: si soy superficial repetiré lo mismo con la conciencia adormecida. Por eso debemos redescubrir lo que significa para cada uno de nosotros hoy la Pascua, qué sentido tiene experimentar este paso de Dios por nuestra vida.
Cabe preguntarse en este momento de nuestra existencia, particularmente en medio de la Semana Santa ¿de qué necesitamos ser salvados? ¿Cómo está nuestro vínculo con Dios? ¿Vale la pena que dediquemos tiempo a buscar una espiritualidad?
En las redes sociales se advierte una sobreexposición de consejeros personales que educan en mejorar nuestras finanzas, crecer en nuestra salud física, alimentarnos mejor… pero nada nos salva de lo que provoca en nosotros la existencia cotidiana, el desamor, la enfermedad y eventualmente la muerte.
La espiritualidad, la cercanía con Dios o su búsqueda sincera en el silencio, que es donde habita, deberían ser una prioridad para estos días, sobre todo porque para recreación tenemos muchos feriados a lo largo del año.
Que esta Semana Santa no sea un saludo a Dios a la pasada, como quien visita a sus abuelos sin ganas, solo por cumplir. Dios puede ofrecernos una experiencia transformadora si lo dejamos obrar.
Como dice el libro del Apocalipsis en 3,20: " Mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos".
Es mi deseo que puedas tener una experiencia transformadora y resucitadora esta Pascua.