El animalito fue salvado por un equipo de gente solidaria y empática de Forres y Fernández.
Vecinos solidarios y empáticos, de Forres y Fernández, le salvaron la vida a Beto, un perro que estuvo al borde de la muerte. El animalito fue rescatado y operado; ahora está con nuevos dueños que lo cuidan, lo protegen y le dan todo el cariño.
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Pero la historia de Beto tiene un inicio muy triste y aún más trágico: fue chocado por un conductor irresponsable, que no estaba ni en condiciones de subirse a un auto. Luego de chocar al animal lo dejó tirado y abandonado. “El que lo chocó no veía bien y conducía un auto sin freno. No puede subirse a un auto”, dijo un joven de Fernández.
Matías, salió a pasear con sus perros quienes lo encontraron en mal estado a Beto. Lo rescató. Luego fue a buscar al dueño del perro para que se hiciera cargo de curarlo, y este (el dueño) a la vez culpó al conductor. Entre los tres hablaron al veterinario de Fernández quien le salvó la vida a Beto en un primer momento.
El Dr. Milanesio le colocó antibióticos, y le amputó una pierna que tenía heridas muy graves. “Una chica me dijo 'por qué no lo sacrifican al perro si con una pierna no sirve para nada', y yo le pregunté: ¿'a vos si te cortan una pierna tambián hay que sacrificarte entonces'? Los animales tienes el mismo derecho que nosotros, la gente cree que vivimos en la época de los cabernícolas. Y no es así”, añadió Matías.
Lo trágico de esta historia es que luego de sacarlo de la veterinaria, el hombre que lo chocó y el dueño de Beto, se pusieron de acuerdo para sacrificarlo (matarlo). Lo subieron a un auto, y luego de culparse quién pagaba todo, lo llevaron por la ruta 34 vieja. Lo dejaron tirado en un camino de tierra. Allí estuvo tres días, pasando hambre, soportando las fuertes tormentas eléctricas. Al borde de la muerte.
Pero fue encontrado en un estado calamitoso por vecinos de Forres que estaban entrenando por la zona. Lo subieron a un auto y lo llevaron nuevamente al veterinario Milanesio, que ni bien escuchó los gritos de Beto, lo reconoció y les dijo que ya lo había visto hace unos días. Allí fue que comenzó la historia de esperanza y resiliencia del animal. Volvieron a operarlo, lograron colocarle clavos en la pierna averiada, lo curaron, le colocaron antibióticos; y encontró un hogar. Ahora Beto sigue peleándola, está recuperándose. Cada día que pasa es una lucha para él, pero un nuevo nacimiento.
Hoy, Beto pelea día a día por recuperarse, rodeado de amor en un hogar que sí lo eligió. Su historia es un testimonio de resiliencia, pero también un llamado urgente a la conciencia. Quienes lo salvaron piden ayuda para afrontar los gastos y, sobre todo, más empatía: “Son seres que sienten y tienen derechos”, expresaron entre lágrimas. Porque a veces, incluso en medio de la oscuridad, aparece una segunda oportunidad… y Beto es prueba viva de ello.