Paolo Strippoli firma este thriller de terror, estrenado en Venecia y Sitges, que compara la felicidad con ritos de canibalismo moral y religioso y que protagonizan Michele Riondino y Romana Maggiora Vergano.
Por Fausto Fernández
Para Fotogramas
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Cual si fuera 'Lazzaro feliz', de Alice Rohrwacher, nacida de una misa negra, 'La sonrisa del mal' compara la felicidad con ritos de canibalismo moral y religioso, transformando un relato sobre un ser autodestructivo y una comunidad cerrada, aislada y teóricamente sanadora (contrafigura de la descrita en 'Cristo se paró en Éboli', de Francesco Rosi), en una catarsis terrorífica, paroxística y barroca cercana a los delirios del Mal de Dario Argento.
La película de Paolo Strippoli abraza la añorada tradición del cine de género italiano, tomándose su tiempo (o perdiéndolo con la trama romántica) para ir descubriendo los secretos de una comunidad bendecida, o maldecida, por la bondad de un niño-adolescente santo.
En esa combinación de un realismo extremo y detallista en lo costumbrista y folclórico (pero no folk horror, la etiqueta más fácil de aplicar), puro Ermanno Olmi, que estalla en una pesadilla implacable y gráfica, la de nuestro fin del mundo de autoayuda y nuevas supersticiones, 'La sonrisa del mal' nos devuelve la esperanza en un cine de la crueldad lírica y escalofriantemente católico.