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Opinión y Actualidad

Un vacío a llenar

Milei, en su carácter superficial de panelista televisivo, eligió no hablar sobre los datos de la recesión económica que lo acecha ante la Asamblea Legislativa. Más bien, optó por provocar el insultar a su oposición para que las chicanas se lleven el primer plano. ¿Qué es lo que el Gobierno quiere ocultar?

Hoy 06:47

Por Eduardo Aliverti
Para Página 12

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¿Por qué razón principal, o acaso única, el Presidente dedicó toda su intervención ante la Asamblea Legislativa a provocar e insultar al peronismo en general y al kirchnerismo en particular? 

Para los tiempos de vértigo  enloquecido de nuestra política, esa pregunta puede resonar  desactualizada siendo que el hecho ocurrió hace una semana. Pero,  quizás, hurgar en la respuesta sirva para ir delante de las impresiones  iniciales.

Hasta sectores del gorilaje más  acendrado se impactaron por la violencia de ese acting presidencial que,  cabe subrayar una y mil veces, estuvo estrictamente guionado de  principio a fin, al igual que cada plano amplio o específico de las  cámaras oficiales. No hubo espontaneidad de ninguna naturaleza en las “respuestas” de Milei a las chicanas de la bancada contraria. 

En  todo caso, la única franqueza de esas contestaciones residió en que el  Presidente no puede completar una oración, ni una exclamación, sin  furcios. No sabe leer, directamente. Nada de que su vista va más rápido  que la comprensión del texto como si, además, no tuviera chances de  ensayo. No sabe leer. Punto. 

Aclaremos o  recordemos: en las inauguraciones legislativas de los períodos  peronistas, y aun del macrismo, también estaba guionada la estructura de  discursos, dirección de cámaras, enfoques precisos de los palcos,  barras y bancas adictas. 

Sin embargo, lo  que vimos el domingo pasado es otra cosa debido a esas características  violentas del sujeto de marras. No fue un personaje. Fue un Milei  auténtico en su carácter superficial de panelista televisivo.

Algunas  mascotas libertaristas dijeron que Sarmiento también se dedicaba a  provocar en el Congreso. Pero eso sirvió para que cierta derecha  ilustrada -de la muy poca que queda- se escandalizara o criticara más  todavía. Y con razón, porque comparar a Sarmiento con Milei es una  extravagancia inconcebible si fuera posible que algún adjetivo alcanzara  para describirla.

Al margen de aspectos de  forma cuando las circunstancias epocales determinan que las formas son  el fondo, tal vez como nunca o así sale decirlo, sobresalen dos  cuestiones: a) la elección del enemigo y b) el carácter “moral” que los  Milei le dan a la disputa, en la cual incluyen a un par de empresarios  emblemáticos para dar idea de que la batalla no admite límites mientras  convierten al país en una factoría.

Son  señalamientos complementarios que, previo a cualquier otra  consideración, resaltan lo que fue ignorado en el “discurso”  presidencial y en el bloque de poder que se alinea con Los Hermanos.

El  Presidente -cuánto que cuesta usar esa figura aplicándola al actual, en  su sentido de respeto institucional- eligió confrontar con una fuerza  desmembrada. Y, sobre todo, optó por apelar a la superioridad  intrínseca, de honestidad individual e ideológica, que el manual  anarco-capitalista tendría sobre los “populismos”, “chorros”, “jefa de  la banda”, “fascista” originario (así dijo, en su primera vez animada a  remitir a Perón de manera directa), “kukas” y etcéteras. 

¿Y qué ignoró, entonces y nada menos?

Ignoró  los datos macro y micro de la economía que ratifican o revelan un  escenario alarmante, se lo mire desde donde fuere. Peligro externo con  reservas monetarias negativas. Descenso en todos los índices de  actividad económica y particularmente en la industrial. Empleos que  continúan perdiéndose en cada jornada con la única contrapartida de  monotributismo y contratos basura. Cierres y fugas de firmas y grupos  tradicionales. Ausencia de inversión extranjera directa. 

La excepción es de quienes puedan darle credibilidad a cifras y promesas brindadas por Milei completamente a la bartola, sin el más mínimo sustento técnico y refutadas desde franjas del establishment insospechables de simpatías colectivistas. 

Encuestadoras,  sitios prestigiosos o revestidos como tales, voceros industriales  siempre y todavía en voz baja o desde el anonimato, pymes, periodistas y  analistas que adhieren “al rumbo”, destacaron que el Presidente le  habló a un país que sólo existe en su imaginación. 

En  reemplazo, se dirigió al pasado que, según parece, continúa dando  réditos por la negativa en la percepción popular. Lo “Kirchner”, para  sintetizar y junto con la imagen que dejó el gobierno de/con Alberto  Fernández, sigue funcionando como espantapájaros.

Sumado  y ayudado por la inexistencia de una oposición confiable, los guionistas oficiales inventaron ahora eso de la “la batalla moral” que, encima, coincidió con una semana posterior plagada de inmoralidades. O, para ser menos exuberantes, llena de contrastes respecto de la  superioridad “ontológica” de los Bertie Benegas Lynch, Lilia Lemoine, Caputo Toto que fue el brutal estatizador de la deuda para el Milei  textual de acá a la vuelta, Patricia Bullrich que era la ponedora de bombas en jardines de infantes, Sabrina Ajmechet, el coloso Sturzzeneger  que ¿fracasó? en todos sus pasos por la administración pública y, ya  que estamos, casi todo diputado o senador de La Libertad Avanza incapaz  de pronunciarse en las Cámaras sin recurrir a la lectura. 

Esos jerárquicos morales vienen a ser un autotune parlamentario, generalizado, y a veces -las más de las veces- ni siquiera consiguen que  el software les corrija la afinación de sus voces estridentes.

Tan superiores, ellos y los funcionarios, como para resignarse a que haya sido el Chiqui Tapia quien repatrió al gendarme Nahuel Gallo. 

El Gobierno se enteró después y debiera ser inverosímil que el canciller siga en su puesto. Un episodio digno de lo que muchos lectores añoramos: la “Llamada Internacional” que Osvaldo Soriano escribía en las contratapas de Página/12. El periodista, en pleno menemato, intentaba convencer a un editor europeo para enviarle unas líneas sobre hechos lisérgicos de la política argentina. Y el tipo, desde allá, no creía que alguno de esos acontecimientos fuera probable hasta que el  nuestro, el Gordo, finalmente lo persuadía para que publicase cierta  noticia desopilante, pero siempre real. 

Lo  de la AFA trayendo al gendarme, con el Gobierno desayunándose por los medios aunque ciertas habladurías mentan que El Mago del Kremlin operó al respecto, hubiera sido un remate inolvidable en aquellas contratapas  de Soriano. 

De paso: ¿qué es lo que el Gobierno necesita ocultar sobre la misión de Gallo en Venezuela, como para tenerlo virtualmente cercado por el edificio Centinela, sede de la Gendarmería, y negándole hablar con libertad?

Si  esto se estimara meramente episódico, seguro que no lo es el  nombramiento de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia nacional. La famiglia de Comodoro Py está de fiesta. La Hermana se quedó  con casi todo, y absorbería también el control de los servicios de  Inteligencia que permanecen bajo la órbita de Caputo Santiago.

El  entramado de empresarios, funcionarios, services orgánicos e inorgánicos, jueces corruptos, prensa ensobrada, resentimientos  personales en tropa propia, carpetazos, transas legislativas non  sanctas, y etcéteras múltiples, no es de ahora ni terminará jamás. 

Es ínsito a los sistemas demo-liberales y, en los que no lo son, vaya si también tienen lo suyo excepto para las miradas binarias que romantizan o justifican todo lo que se le oponga a ellos en nombre del  anti-imperialismo (yanquis malos/rusos buenos, chinos estratégicos versus Occidente decadente, opresión aceptable contra libertades civiles a cuenta de que sirve para joder a Washington). 

El sionazismo articulado entre Israel y Estados Unidos invita a que los binarios acentúen esa visión que, si no justificable, es a todas luces comprensible porque el supremacismo racista de un criminal de guerra  como Netanyahu y de un sheriff senil como Trump desatan instintos  básicos.  

El tema, cabe arriesgar, es que entre nosotros estaría ganando el discurso de la unilateralidad. Alineación sin condiciones con Washington, hasta el punto de ofrecerles oficialmente nuestros recursos naturales. Esto o seguir en la decadencia. La  superioridad moral porque hasta acá fracasamos con la de los otros. Y a  confiar en que dentro de varias décadas seremos potencia mundial, porque el pasado no volverá nunca. Ofrece un futuro. Probablemente nadie se lo crea, pero lo ofrece.

El discurso de Milei fue y es eso. Indignante, fanatizado, vergonzoso incluso para -digamos- cualquier sensibilidad “liberal” que se precie de necesitar un estadista.

De ahí en más,  tiene que hablar, planificar y convencer el oponente. Un oponente. El  que todavía no termina de aparecer. Pero ya lo hará porque, en política,  los vacíos nunca son interminables aunque parezca lo contrario.

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