Coescrita por Emmanuel Carrère, la nueva película de Olivier Assayas tiene como protagonista a Paul Dano, que encarna al personaje ficticio de Vadim Baranov, ideólogo y asesor del presidente ruso.
Por Manu Yáñez
Para Fotogramas
HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO
En el año 2010, el cineasta francés Olivier Assayas dirigió uno de sus proyectos más logrados: la miniserie ‘Carlos’, en la que Edgar Ramirez encarnó al célebre y turbio personaje de Carlos, el Chacal. Durante 333 minutos, aquella serie permitía al espectador vibrar con el casi inconcebible, pero muy real, caos ideológico que se desató en el viejo continente, y en gran parte del mundo, durante las décadas de 1970 y 1980, cuando el combate entre proyectos utópicos, en el marco de la Guerra Fría, dio pie al surgimiento de estrellas revolucionarias como el Chacal. Por desgracia, en el mundo actual, vuelven a abundar los aspirantes a “estrella revolucionaria”; el problema es que suelen ser políticos populistas de extrema derecha que, en lugar de apuntar a la utopía, parecen empeñados en imponer una distopía fascista. En este contexto surge ‘El mago del Kremlin’, en la que Assayas decide retomar la crónica histórica allí donde la dejó en ‘Carlos’. Partiendo desde finales de los años 80, con la caída del bloque soviético, y llegando a la actualidad, el director de ‘Personal Shopper’ intenta identificar las claves ideológicas de la preocupante coyuntura contemporánea, poniendo el foco en la historia reciente de Rusia y en la figura de Vladímir Putin.
Para ejecutar este ejercicio de historiografía del presente, Assayas decide llevar a la pantalla la novela homónima de Giuliano da Empoli y acompañarse del mejor colaborador imaginable, el escritor Emmanuel Carrère, que ejerce de coguionista del film y de extra en la pantalla (en una escena de guateque en la que el novelista les agua la fiesta a un grupo de jóvenes rebeldes). La elección es idónea dado que Carrère es uno de los mayores conocedores de la historia moderna de Rusia, como demostró en su extraordinaria novela ‘Limónov’. Y cabe decir que, en términos puramente narrativos, ‘El mago del Kremlin’ cumple con creces el objetivo de ofrecer al espectador una mirada incisiva, no simplista, de la forja y el auge de Putin. Así, planteada como una clase maestra de historia política, la película muestra el zarandeo socioeconómico y cultural que ha llevó a Rusia desde el modelo comunista hasta el capitalismo más salvaje, para luego, volviendo sobre sus pies, devenir otra vez un régimen autoritario, alejados de los postulados de la democracia.
Para hilar su crónica histórica, Assayas toma como guía al personaje ficticio de Vadim Baranov, un dramaturgo convertido en productor televisivo que allana el camino para el auge político y mediático de Putin. El personaje resulta tan fascinante como terrorífico. Le vemos subirse a la ola de la telebasura en los años 90 e identificar en el mundo de Internet y las redes sociales una herramienta para difundir el caos ideológico. Paul Dano se encarga de darle vida, imprimiendo a Baranov un aura sibilina —una de las especialidades de Dano desde los tiempos de ‘There Will Be Blood’— que resulta de lo más inquietante.
Al tratarse de la historia de un asesor (Baranov) que ayuda a un hombre de poder (Putin) a alcanzar sus objetivos, ‘El mago del Kremlin’ invita a trazar un paralelismo con ‘The Apprentice. La historia de Trump’, en la que Sebastian Stan y Jeremy Strong daban vida a Donald Trump y el abogado Roy Cohn, quien instruyó al futuro presidente en los mecanismos del populismo más salvaje. En el caso de ‘El mago del Kremlin’, la diferencia es que Putin —al que da vida Jude Law en un ejercicio de mimetismo notable— nunca se presenta como una figura dócil o maleable. Por el contrario, aquí “el aprendiz” parecer ser Baranov, que se descubre atrapado en la mentalidad belicista de Putin, sin margen para perfilar ningún límite moral.
En términos fílmicos, la comparativa con ‘The Apprentice’ o, sobre todo, la propia ‘Carlos’, deja ‘El mago del Kremlin’ en un lugar de cierta vulnerabilidad, ya que las desventuras de Baranov y Putin —quienes esencialmente se baten en duelos dialécticos con políticos y empresarios— carecen del dinamismo cinético de las peripecias revolucionarias de Carlos, el Chacal. Y, en cuanto a la apuesta estética elegida por Assayas, próxima al thriller sociopolítico americano —de ‘Todos los hombres del presidente’ a ‘La red social’—, resulta efectiva, pero no especialmente envolvente. Aun así, la película, en su fértil y escalofriante relación con la realidad contemporánea, deviene una obra de incuestionable relevancia, un espejo fiable de la siniestra realidad actual.
Para comprender las claves del auge autoritario que amenaza al mundo actual.