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Opinión y Actualidad

Del “vino con sprite” de Messi al auge del vino dulce: cómo cambian las costumbres entre los jóvenes

A principios del verano, el 10 provocó un terremoto al confiar que tomaba vino con gaseosa. Las nuevas generaciones van en busca de bebidas de menor graduación alcohólica, más fáciles de tomar y sin resignar sabor.

Hoy 07:01

Por Stephane Bailly, en diario TN

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El mapa del consumo de bebidas en Argentina está cambiando y el vino no es la excepción. Las nuevas generaciones —especialmente la generación Z— están reformulando las reglas de una industria históricamente asociada a rituales formales y a paladares expertos. Hoy prima otra lógica: menos graduación alcohólica, más frescura, mayor accesibilidad y, sobre todo, disfrute sin solemnidad. Los jóvenes mezclan, experimentan y priorizan la experiencia sobre la tradición.

Messi, el “vino con Sprite” y el fin del prejuicio

En paralelo, a principios del verano un episodio mediático terminó de cristalizar este cambio de paradigma. Fue cuando Lionel Messi dijo en una entrevista que tomaba “vino con Sprite” y automaticamente el debate se encendió en redes sociales y en el mundo vitivinícola. “Es lindo, con el calor pasa mejor”, afirmó el astro.

Lejos de escandalizarse, referentes de la industria como Alejandro Vigil celebraron el gesto como una oportunidad histórica para acercar el vino a nuevos públicos: ”Es lo mejor que le ha pasado a la actividad vitivinícola en los últimos cinco años“, afirmó en una entrevista con Radio Post 92.1.

“Fue la forma más fácil de comunicar algo que nosotros decimos hace años: el vino se toma como uno quiere”, sostuvo el enólogo, al elogiar la naturalidad de Messi y su impacto.

El vino con gaseosa osoda no es nuevo en Argentina —remite a prácticas populares y familiares— pero el hecho de que una figura global como Messi lo hiciera visible resignificó la costumbre y la puso en agenda. Para muchos jóvenes, la validación fue simbólica: se puede tomar vino “a su manera”. Y para muchos, la claves es que Messi habló como simple consumidor.

Este mismo discurso es el que sostienen las nuevas generaciones como la enóloga Paloma Bignone, de Bodega Séptima, que fue nombrada “winemaker del año 2025”. Para ella, lo importante es “que la gente se acerque al vino”, sin dogmatismos ni purismos excesivos. “Si a vos te gusta tomar el vino con hielo, tomátelo con hielo. Si te gusta tomarlo con soda, tomátelo con soda, está todo bien. Lo importante es que la gente comparta un lindo momento y sea feliz”, afirmó en una entrevista con TN.

El auge del dulce y los vinos bajo alcohol

El fenómeno se observa con fuerza en líneas de vinos dulces y frescos, que ganan presencia en el mercado de bebidas, como alternativa al tradicional vino seco. Ya representan el 67% del volumen dentro del segmento medio, y viene creciendo de manera sostenida durante 2025. Este dato no es menor: habla de un cambio cultural más que de una moda pasajera.

Un ejemplo es Bodega Colón, con más de 150 años de historia, que en los últimos años amplió su portafolio para adaptarse a estas nuevas preferencias. Su línea Colón Selecto incorporó versiones Dulce Fresco (tinto, blanco y rosé) con una graduación alcohólica del 9%, pensadas para tomarse frías, en tragos, y en contextos más descontracturados.

La estrategia dio resultado: la línea Dulce Fresco ya representa el 57% de las ventas totales de la bodega y su Tinto Dulce Fresco alcanzó el puesto número uno en ventas dentro de su segmento, aseguraron a TN.

El mensaje es claro: el consumidor joven no quiere necesariamente abandonar el vino, pero sí quiere reinterpretarlo.

La categoría dulce gana terreno como puerta de entrada al mundo del vino. Es más amigable al paladar, menos tánica, más frutal y compatible con hielo, frutas o mezclas como los “tintos de verano”. El vino deja de ser exclusivo de la mesa familiar o de la cena formal para convertirse en parte de un consumo cotidiano, flexible y personalizable.

Consumo responsable y ocasiones más informales

Otro eje central es la moderación. La tendencia hacia un consumo más responsable impulsa el crecimiento de opciones de menor graduación alcohólica . La lógica ya no es “beber más”, sino beber mejor y en contextos variados: reuniones en casa, previas, picnics, festivales o encuentros informales.

En este sentido, los vinos desalcoholizados o bajo alocohol crecen a paso agigantados. Un informe de la consultora Data Bridge estima que el volumen del mercado mundial de vinos sin alcohol estará alrededor de 2570 millones de dólares en 2025 y se espera que alcance los 4350 millones de dólares en 2033.

Poco antes de las fiestas, la histórica bodega mendocina Nieto Senetiner lanzó el primer vino 0% alcohol de Argentina, un espumante brut 100% Pinot Noir

“Es un mercado que en países como EE.UU. ya representa el 1% de las ventas y crece a doble dígito año a año, con proyecciones que estiman que las bebidas sin alcohol representarán el 4% del total de ventas globales para 2028″, explicó a TN la gerente de Marketing de Nieto Senetiner, Delfina D’Alessandro. “Es una tendencia que llegó para quedarse”, sentenció.

“Entendimos que cada vez más gente elige cuidarse. En general la gente comienza a tomar vino alrededor de los 25 años, mezclándolo con gaseosa como con los tintos de verano. Vemos que buscan variedades más ligerascomo la garnacha, con una tendencia a la reducción del consumo de alcohol, con prácticas como el ‘zebra striping’ (rayado de cebra), que consiste en alternar bebidas alcohólicas y no alcohólicas a lo largo de la noche“, dijo D’Alessandro

Este cambio en la tendencia también fue advertido por otras bodegas argentinas que producen vinos blancos y tintos bajos en alcohol, es decir, con menos de 10% de graduación, gracias a una cosecha temprana que permite obtener un mosto de baja concentración en azúcar de forma natural.

“Observamos una tendencia de consumo que va hacia los productos más sanos, naturales y bajos en alcohol, no solo en el vino en particular, sino que en la industria de alimentos y bebidas en general. La gente se interesa más por el cuidado de la salud y es más consciente de su alimentación”, dijo a TN la enóloga Susana Balbo. En su bodega de Mendoza, ofrece dos vinos bajo alcohol, un Chardonnay y un Pinot gris con un 9% de alcohol bajo la línea Crios Sustentia.

Mendoza y San Juan no son las únicas provincias en producir vinos bajo alcohol. “La Patagonia tiene un potencial enorme para este estilo de vinos. A diferencia de otras regiones donde una cosecha temprana puede dar notas verdes o inmaduras, acá logramos mantener la frescura y, al mismo tiempo, buena expresión aromática”, destacó Juliana Del Aguila Eurnekian, presidenta de la bodega Fin del Mundo, en Neuquén.

“Con esta línea buscamos acompañar una nueva forma de disfrutar el vino: más liviana, fresca y versátil, pero con el sello patagónico que caracteriza a todos nuestros vinos”, agregó.

En medio de una crisis del sector vitivinícola y de una caída del consumo, el vino compite ya no solo con otras bebidas alcohólicas, sino también con cócteles listos para tomar, cervezas artesanales y bebidas saborizadas. El desafío para las bodegas es doble: sostener la calidad y, al mismo tiempo, romper con cierta solemnidad histórica. Las empresas que logran ofrecer productos frescos, livianos y de buena relación precio-calidad están capitalizando el cambio generacional.

Si el vino argentino históricamente supo reinventarse, hoy enfrenta un nuevo desafío: dialogar con jóvenes que no piden permiso para mezclarlo con hielo o con Sprite, pero que sí están dispuestos a incorporarlo a su identidad de consumo. Y, como muestran los números del segmento dulce, la industria parece haber entendido el mensaje.

Tres ideas de tragos con vino para terminar el verano

TINTONIC

En esta versión, se reemplaza el gin por una opción de uvas tintas, refrescante, que se distingue por sus exquisitas notas y aromas a frutas rojas, como frutilla y mora; ideal para quienes buscan una combinación sutil de amargor y dulzor pero con menos graduación alcohólica.

  • Jarra de 1,5 l.
  • 1 botella de vino tinto dulce
  • 750 ml de agua tónica
  • Terminar con rodajas de naranja

VERMÚ & BLANCO

El amarogr de este tradicional aperitivo queda matizado con un vino que le da el toque dulce ideal para las tardes de verano.

  • Jarra de 1,5 l
  • 2 / 3 de vino blanco dulce
  • 1 / 3 de agua tónica
  • Vermú rosso (4 oz por jarra)
  • Terminar con rodajas de limón

BITTER & ROSÉ

En líneas generales los vinos rosados son suaves, sutiles, frescos, con una acidez integrada y energía propia de los vinos jóvenes. Usar un rosado dulce permite combinar con sabores más fuertes o amargos en tragos para tomar al borde de una pileta o cócteles para disfrutar a la luz de la luna.

  • Jarra de 1,5 l.
  • 1 vino dulce rosado
  • Bitter (4 oz por jarra)
  • 750 ml de agua tónica
  • Terminar con rodajas de lima

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