Con gol agónico de Cerato, Instituto venció 2-1 a Atlético Tucumán y sigue en levantada. Merecido resultado para el que buscó en todo momento.
Fue el final esperado. Para Instituto Atlético Central Córdoba, claro. Cuando el partido parecía apagarse y llevarse consigo todas las chances que había generado para quedarse con los tres puntos, Giuliano Cerato capitalizó una desatención defensiva, apareció por el segundo palo y la empujó a la red. Un gol que hizo justicia con lo producido por su equipo, que había creado varias situaciones pero no lograba traducirlas en el marcador.
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El encuentro respondió a lo que se preveía: un cruce intenso entre dos equipos que, pese a un arranque irregular en el Apertura, llegaban en alza tras haber ganado en la fecha anterior. Tanto Instituto como Atlético Tucumán buscaban aprovechar ese envión anímico para estirar la racha positiva.
El primer tiempo fue cerrado, con mucha fricción y lucha en la mitad de la cancha. Las situaciones claras escasearon hasta que, sobre el final, llegó la polémica. El árbitro Fernando Espinoza sancionó penal por un forcejeo dentro del área. Sin posibilidad de revisión por una falla en la comunicación del VAR, ratificó su decisión. Luna no falló desde los doce pasos y adelantó a la Gloria antes del descanso.
Pero la reacción fue inmediata. Apenas iniciado el complemento, Atlético Tucumán encontró el empate a través de Carlos Abeldaño, que definió con un toque sutil, una verdadera delicadeza que se filtró entre las piernas del arquero para establecer el 1-1.
Lejos de sentir el golpe, Instituto asumió el protagonismo en el segundo tiempo. Lastimó por las bandas con Cerato y Sosa, y probó desde media distancia con Luna, obligando a Ingolotti a intervenir en varias ocasiones. La Gloria fue el equipo que más empujó, el que más generó y el que mejor parado quedó en el tramo decisivo.
Y cuando el empate parecía inamovible, llegó la recompensa. En el último suspiro, nuevamente Cerato apareció para sellar el 2-1 definitivo y desatar el festejo en Alta Córdoba. Un triunfo trabajado, merecido y construido desde la insistencia hasta el último minuto.