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Opinión y Actualidad

El régimen cubano acude a medidas extremas para resistir

El gobierno de Díaz-Canel instauró medidas de emergencia para tratar de sostener el sistema comunista en medio de una de sus peores crisis: represión y control social.

Hoy 07:23

Por Daniel Lozano, en el diario La nación

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Del purgatorio de casi siempre al infierno de antes. El paquetazo de medidas de emergencia que lanzó el régimen castrista en Cuba para combatir la feroz crisis energética, acrecentada por el embargo petrolero de Washington, supone el retorno de la isla a la tragedia sufrida tras la caída del bloque soviético, que provocó el pavoroso “Periodo Especial” de los 90 hasta la llegada “salvadora” de Hugo Chávez.

Los  cubanos estaban convencidos de que las estampas surgidas durante esa  época jamás volverían. Las miles de anécdotas de aquellos tiempos,  cuando casi todo valía para “resolver”, han marcado a varias generaciones de cubanos como si fuera un infierno al que no era posible regresar.

En  la isla, los ciudadanos acuden a una supervivencia ante la escasez  extrema inmortalizada por los “camellos” (colectivos alargados con sus  dos jorobas) para ahorrar combustible, las colas eternas para comprar lo mínimo, el  café con chícharos (arvejas), los “bistecs” de piel de pomelo o  berenjena y las pizzas sin sabor que se adornaban con un falso queso  fundido que realmente era látex de condones. El horror llama de nuevo a  las puertas de los cubanos, convertido hoy en el "Periodo Especial 2.0″, como lo denominan en las redes sociales.


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“El régimen ha sobrevivido casi enteramente con ayudas, primero de la URSS y después de Chávez. Por primera vez no tiene ayuda de nadie (pese al empeño de la mexicana Claudia Sheinbaum). Y el modelo ha quedado al descubierto”, disparó desde Múnich Marco Rubio, secretario de Estado de origen cubano, al que el propio Donald Trump ha calificado como el mejor presidente posible para una nueva Cuba. 

Durante un cuarto de siglo, el chavismo mantuvo a flote al fracasado sistema económico cubano. Ya el año pasado se sumaron los aportes desde México, cuyo gobierno se ha declarado aliado de la revolución cubana, pero las amenazas de Washington también han conseguido frenar la entrega del crudo a la isla. 

Las  cuentas ya no cuadran: Cuba necesita algo menos de 150.000 barriles de  petróleo por día para mantener su oxidado sistema eléctrico y para su  economía, de los que sólo produce 40.000 por cuenta propia.  El chavismo rellenaba ese agujero con más de 100.000 barriles día, lo  que incluso aprovechaba el gobierno de La Habana para revenderlo en mar  abierto y así conseguir divisas, tan necesarias para una economía  famélica dependiente de las remesas, el trabajo como esclavos modernos  de los médicos cubanos en sus misiones internacionales y el turismo. 

La  crisis venezolana redujo año a año los aportes semigratuitos, hasta que  la caída de Maduro y los acuerdos entre Washington y el chavismo  reciclado encabezado por Delcy Rodríguez los suprimieron. La solidaridad ideológica de México compensó en parte durante unos meses el tremendo agujero con 12.000 barriles al día, ahora también en entredicho por el bloqueo estadounidense. Moscú también ayudó durante una temporada, pero ahora quiere evitar problemas con Trump, que  amenazó a cualquier país que intente vender petróleo a la isla con  imponer aranceles sobre sus productos, en su nueva apuesta por una  estrategia de máxima presión.

El paquetazo del régimen

¿Cuál es entonces el plan castrista para combatir el jaque petrolero planteado por Washington? Un nuevo “paquetazo” socioeconómico  que castiga una vez más al ciudadano de a pie con tal de salvar a un  régimen tan envejecido como sus generales nonagenarios de Sierra  Maestra. La nafta solo se comprará en dólares (la  moneda nacional es el peso cubano) a través de una plataforma con  límites individuales y el diésel ni siquiera se conseguirá con moneda  estadounidense.

De inmediato, las  calles de La Habana quedaron semivacías. El transporte público también  desapareció, como en los peores tiempos reflejados en la sátira social  de Lista de espera, aquella película  sobre una terminal de colectivos que nunca llegaban para desesperación  de la gente, que acabó convirtiendo aquella estación en un pequeño  pueblo donde se quedaron a vivir. La fantasía de Juan Carlos Tabío, que con tanto sarcasmo resumió el “Periodo Especial” de Fidel Castro, vuelve a parecerse a la realidad.

El calendario escolar también se recortará como en tiempos de pandemia y una parte de las actividades laborales se suspenderán para reducir el consumo energético. Sólo se trabajará cuatro días en el sector público.

Las medidas adelantadas golpearán con saña a un país en crisis multisistémica, que ya sufre apagones de hasta 48 horas en el interior y de 12 horas en La Habana, con  la inflación desatada y con índices altísimos de pobreza, lo que dibuja  este “Periodo Especial 2.0″ tan temido por su gente. 

Tanto es así que en las calles habaneras se habla de colapso, una palabra prohibida por el régimen, que el embajador estadounidense en la isla, Mike Hammer,  ha reconfirmado tras una gira por el interior de la isla, entre  encuentros con líderes sociales y con ciudadanos de a pie mientras el  gobierno de Miguel Díaz-Canel monta actos de repudio  que no atemorizan al diplomático. La violencia contra el diplomático  provocó que la Secretaría de Estado amenazar a quienes los llevaban a  cabo. 

Las medidas de Díaz-Canel  buscan en principio salvar el turismo, una joya de la Corona castrista  venida a menos. Pero “la cosa”, como dicen en Cuba, tampoco avanza. El  llamado plan maestro ya ha provocado el cierre de varios hoteles en Varadero  y en los cayos del norte, con la consiguiente reubicación de turistas  en otros establecimientos hoteleros. Perjuicio doble para el sector  económico estrella de la isla, que cerró 2025 con apenas 1,8 millones de turistas, golpeado por la crisis sistémica y la epidemia de dengue y chikungunya, transmitidos por mosquitos. En 2018, Cuba acarició los 5 millones de viajeros.

Esos tiempos parecen muy lejanos hoy, incrementado por el anuncio gubernamental a las aerolíneas internacionales: se acabó el combustible para que reposten los aviones.  Precisamente durante el “Periodo Especial” del siglo XX, las compañías  aéreas solventaron los peores momentos de escasez de gasolina con paradas forzosas en países cercanos para repostar. 

En estos últimos meses Cuba ha estado en peor situación que nunca. Si tú ahora mismo le preguntas a un cubano dónde quiere vivir te va a responder que en cualquier lado que tenga luz eléctrica, que tenga un trabajo que le cubra las necesidades, en un lugar donde haya comida…  Son cosas básicas que el país no ha podido sostener, ¿cómo quieren que  estemos de acuerdo con un sistema que nos lleva a la miseria y no nos  deja prosperar?”, dijo a LA NACION Anna Bensi,  influencer habanera de 21 años cuyos videos virales sobre la  cotidianidad son seguidos con devoción en la isla y fuera de ella. 

Decretado el nuevo “Periodo Especial”, la dictadura cubana se ha lanzado a hacer lo que mejor sabe: represión y control social para mitigar las consecuencias en la población de su paquetazo social y económico. 

“Un campo de concentración con vistas al mar, el genocidio más lento de la Historia”, retrataron antes de su detención Kamil Zayas y Ernesto Ricardo Medina,  los dos jóvenes que con su proyecto independiente El 4tico (se lee el  cuartico) y sus pequeños editoriales en video provocaron tanto miedo al  gobierno que ordenó su encarcelamiento acusados de propaganda para cambiar el orden constitucional. Los amenazan con nueve años de prisión. 

En la nueva ola represiva que acompaña a las medidas socioeconómicas está muy presente el miedo a que se repita lo ocurrido el 11 de julio de 2021, cuando miles de ciudadanos se lanzaron a las calles para pedir libertad y una vida mejor. Desde entonces, casi dos millones de cubanos, en su mayoría jóvenes, han huido de la isla.

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