La investigación, realizada en Estados Unidos con 125 adultos de alrededor de 58 años, encontró un incremento cercano al 50%.
La costumbre de llevar el celular al baño es adoptada por muchas personas que no quieren perderse lo que ocurre en las redes sociales o para leer las noticias o contestar mensajes mientras están sentadas en el inodoro. Esta particularidad comenzó a despertar la curiosidad de los científicos que decidieron indagar en el tema.
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Los investigadores del Beth Israel Deaconess Medical Center, en Estados Unidos, se propusieron analizar si este hábito podía tener relación con un problema de salud muy frecuente como las hemorroides y para eso, realizaron un estudio con adultos que acudían a colonoscopías de rutina y les preguntaron por sus costumbres en el baño, en especial el uso del smartphone.
El objetivo no era solo comprobar la frecuencia de este comportamiento, sino medir su impacto, por lo que se evaluó la relación entre el tiempo de uso del celular en el inodoro y la presencia real de hemorroides, confirmadas mediante colonoscopía.
El estudio incluyó a 125 participantes, con una edad cercana a los 58 años y, dos de cada tres personas, confesaron usar el celular mientras estaban en el baño. La mayoría lo hacía de manera habitual al menos una o dos veces por semana y más de la mitad reconoció que lo usaba casi siempre.
Para asegurar la precisión del diagnóstico, los investigadores revisaron los resultados endoscópicos, mientras que otros especialistas analizaron imágenes de los exámenes, lo que permitió confirmar la presencia de hemorroides en casi la mitad de los participantes.
La información recopilada se combinó con otros factores que podrían influir en este problema, como la edad, el sexo, el índice de masa corporal, el consumo de fibra o la actividad física ya que el objetivo era aislar el papel específico del uso del smartphone en el baño.
Los resultados revelaron que quienes usaban el celular en el inodoro pasaban más tiempo allí, mientras que solo el 7% de los no usuarios permanecía más de cinco minutos. Entre quienes sí usan el smartphone, esa cifra ascendía al 37%. Este tiempo extra no era un detalle menor y los investigadores calcularon que el uso del smartphone en el baño estaba asociado con un 46% más de riesgo de presentar hemorroides.
En tanto, no hubo diferencias significativas en aspectos como el estreñimiento o el esfuerzo al evacuar entre usuarios y no usuarios, mientras que el estudio también preguntó qué actividades realizaban los participantes mientras estaban en el inodoro con el teléfono en la mano: la respuesta principal fue leer noticias (54%), seguida muy de cerca por revisar redes sociales (44%) y otros mencionaron responder mensajes o simplemente navegar sin rumbo fijo.
Los investigadores plantearon que la clave no es simplemente estar sentado, sino estarlo en una posición concreta: la del inodoro. A diferencia de una silla o un sillón, esta postura no ofrece soporte al suelo pélvico y el peso recae directamente sobre las venas hemorroidales, aumentando la presión con cada minuto extra.
Este fenómeno explicaría por qué prolongar la estancia en el baño, incluso sin esfuerzo excesivo, puede favorecer la aparición o empeoramiento de las hemorroides. Mientras que otros factores clásicos como la falta de fibra, el embarazo o el sobrepeso siguen estando presentes, el smartphone podría haber añadido un nuevo elemento al listado.