CSE 2026. La inteligencia artificial trasciende la pantalla para tomar forma física, y una nueva superpotencia lidera la transformación, en un formidable campo de competencia global.
En un rincón del CES 2026, dos robots humanoides se enfrentan en una demostración de kickboxing, un espectáculo de agilidad y equilibrio que es mucho más que una simple exhibición: es una metáfora de la nueva batalla por la supremacía tecnológica mundial. Y en esta contienda, la bandera de China ondea de forma indiscutible.
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CES 2026: el escenario global
El Consumer Electronics Show (CES) ha servido durante décadas como el principal barómetro de las tendencias tecnológicas globales, y la edición de 2026 ha quedado definida por una transición fundamental: la inteligencia artificial ha migrado del software intangible al hardware tangible. El foco del evento ha sido la "IA física" (o embodied intelligence, como se la conoce en la industria), la combinación de algoritmos avanzados con sistemas físicos capaces de percibir, razonar e interactuar con el mundo real.
La magnitud del evento subraya su influencia como epicentro de la innovación mundial:
• Ubicación: Las Vegas, Nevada.
• Fechas del evento principal: 6 al 9 de enero de 2026.
• Número de expositores: aproximadamente 4.300 empresas de más de 150 países.
• Espacio de exhibición: más de 230 mil metros cuadrados.
En este vasto escenario, la IA física ha dominado la conversación, eclipsando a otros sectores. Los robots que caminan, interactúan y realizan tareas complejas han demostrado que el futuro de la IA ya no reside únicamente en la nube, sino también en el mundo físico.
Esta tendencia ha sido capitalizada de manera predominante por una nación en particular, cuya ofensiva industrial y tecnológica ha quedado patente en cada rincón del pabellón de robótica.
La ofensiva china
La destacada participación de China en el sector de la robótica humanoide en CES 2026 no es un hecho casual. Es el resultado visible de una estrategia industrial coordinada, un ecosistema de innovación respaldado por el estado y una vasta capacidad de manufactura que le permite pasar del concepto a la producción en masa con una velocidad asombrosa. Las cifras oficiales del evento pintan un cuadro de dominio claro e imponente.
Los datos más impactantes sobre la presencia china en esta categoría son reveladores:
• 21 de las 38 empresas expositoras en la categoría de robótica humanoide son chinas, lo que representa el 55% del total.
• En total, 942 empresas chinas participaron en CES, consolidándose como la segunda presencia nacional más grande después de EEUU.
Ejemplos destacados en el Pabellón de Exhibición
Caminar por el pabellón de robótica era ser testigo de una ofensiva coordinada. En un stand, los robots H1 y G1 de Unitree Robotics capturaban la atención del público con una impresionante demostración de kickboxing, mostrando un equilibrio y agilidad extraordinarios. No muy lejos, el robot Galbot servía snacks a los asistentes, una muestra de su funcionalidad ya probada en 70 tiendas totalmente autónomas en China. Por su parte, el robot asistencial "Care-bot" de Fourier Intelligence exhibía sus capacidades para el cuidado de personas, mientras que la mascota biónica en forma de panda "An"an" no solo enternecía a los espectadores, sino que se alzaba con un prestigioso Premio a la Innovación de CES por su valor social en el acompañamiento de personas mayores.
El liderazgo de China se sustenta en ventajas estratégicas bien definidas, que le otorgan una posición de vanguardia en esta carrera tecnológica:
• Capacidad de manufactura y costos: la profunda experiencia industrial de China y su control sobre la cadena de suministro le permiten una producción masiva a costos significativamente más bajos. Un informe de Morgan Stanley estima que construir una cadena de suministro para robots avanzados sin la participación china costaría casi tres veces más.
• Apoyo gubernamental e innovación: Beijing identifica la "inteligencia incorporada" (embodied intelligence) como un pilar estratégico. Este respaldo se traduce en un liderazgo abrumador en propiedad intelectual: en los últimos cinco años, entidades chinas han registrado 7.705 patentes relacionadas con humanoides, frente a las 1.561 de EEUU.
• Rápida comercialización: las empresas chinas están acortando drásticamente el ciclo entre el prototipo y el producto comercial. Un ejemplo claro es Unitree Robotics, que recientemente abrió la primera tienda minorista del mundo dedicada a la venta de robots humanoides, posicionándolos como bienes de consumo accesibles.
Estas ventajas no son aisladas; forman un ecosistema industrial sinérgico. El respaldo estatal no solo financia la innovación, sino que alimenta una máquina de propiedad intelectual que protege y acelera la comercialización. A su vez, la inigualable capacidad de manufactura convierte estas patentes en productos a una velocidad y coste que sus competidores globales, por ahora, no pueden igualar.
Este avance arrollador no ha pasado desapercibido, provocando una respuesta estratégica por parte de las otras grandes potencias tecnológicas del mundo.
La competencia global
Frente al avance chino, centrado en el volumen y la rápida comercialización, otras naciones están respondiendo con sus propias fortalezas. La competencia internacional se concentra en la creación de ecosistemas de software más robustos, la investigación avanzada y el desarrollo de aplicaciones industriales altamente especializadas, donde la precisión y la fiabilidad son críticas.
Este panorama revela una clara divergencia estratégica. Mientras China gana la carrera por poner robots físicos en fábricas y tiendas a gran escala, EEUU y sus aliados apuestan por controlar los "cerebros" de mayor margen: el software avanzado y la IA especializada que definirán la próxima generación de autonomía. Esta dinámica de "escala vs. especialización" se evidencia en la alianza entre la surcoreana Hyundai y la estadounidense Boston Dynamics, una colaboración que une la visión industrial con la excelencia en software para ejecutar la fábrica del futuro.
Esta carrera por la supremacía robótica no solo se libra en el hardware visible, sino también en la tecnología invisible que les da vida: los semiconductores.
El cerebro detrás del movimiento
Tras bambalinas en CES, lejos de las deslumbrantes demostraciones, se libra una batalla tecnológica fundamental por los componentes que actúan como el cerebro y el sistema nervioso de estos robots. El rendimiento, la capacidad de aprendizaje y la autonomía de los humanoides dependen críticamente de los semiconductores especializados y las plataformas de software de inteligencia artificial que los impulsan.
El ecosistema tecnológico de las empresas no chinas está fuertemente consolidado en torno a gigantes tecnológicos estadounidenses. Compañías como NVIDIA, con su potente plataforma Jetson Thor, y Qualcomm son socios estratégicos clave para firmas como Boston Dynamics y Figure Robotics. Estas plataformas no solo proveen la capacidad de procesamiento necesaria, sino también el software y los modelos de IA fundamentales para que los robots perciban, aprendan e interactúen con su entorno de manera eficiente.
En contraste, las empresas chinas operan en un ecosistema tecnológico diferente, moldeado en gran medida por las restricciones de exportación de semiconductores avanzados impuestas por Estados Unidos. En lugar de depender de chips extranjeros, estas compañías recurren a soluciones domésticas desarrolladas por gigantes como Huawei, Loongson y Biren. A pesar de estas limitaciones, los informes desde el CES sugieren que las empresas chinas "no parecen estar sufriendo demasiado", demostrando una creciente autosuficiencia y resiliencia en un componente tan crítico como los chips de IA.
Esta divergencia en las cadenas de suministro tecnológicas no solo define la competencia actual, sino que también anticipa las futuras dinámicas de poder en la industria global.
Nuevo orden tecnológico
El CES 2026 será recordado como un punto de inflexión. No solo ha marcado la consolidación de la robótica humanoide como la próxima gran frontera de la tecnología, sino que ha revelado la consolidación de China como una potencia dominante e indiscutible en este sector emergente. La masiva presencia de sus empresas, respaldada por una formidable capacidad de manufactura y un claro apoyo estatal, ha redefinido el mapa de la innovación global.
La tendencia más significativa es la transición acelerada de los robots desde prototipos de laboratorio a productos comerciales listos para el mercado, un cambio liderado de manera decisiva por las firmas chinas. Esta evolución está destinada a transformar industrias clave como la manufactura, la logística, el comercio minorista y el cuidado de la salud en los próximos años. Lo que antes era ciencia ficción hoy se presenta como una solución tangible a problemas de productividad y escasez de mano de obra.
En definitiva, el dominio exhibido por China en Las Vegas no solo representa un desafío para sus competidores, sino que anuncia el surgimiento de un nuevo orden tecnológico global, uno que, por primera vez en la era de la computación moderna, no se diseñará exclusivamente en Silicon Valley.