Sin duda no es la noticia más impactante del presente siglo precisamente, pero el proyecto encabezado por Zelenski enfrenta su peor escándalo de corrupción hasta el momento. Que es tanto como revelar en grandes titulares que un alcohólico volvió a tomar de más, pero bueno, a algunos les toca fingir sorpresa.
Por Mirko Casale
Para RT
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Hablamos de 100 millones de dólares desviados del presupuesto ucraniano, mediante un esquema de contabilidad paralela y pagos ilegales que empresarios del ramo debían hacer para asegurarse contratos con Energoatom, la agencia estatal dedicada a la energía nuclear. Todo muy de valores europeos y democracia transparente, como pueden comprobar.
La investigación fue llevada adelante durante más de un año por la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania y la Fiscalía Especial Anticorrupción (que, todo hay que decirlo, deben tener material acumulado como para un par de siglos de papeleo). En el proceso, se realizaron y analizaron más de 1.000 horas de grabaciones telefónicas.
Métodos clásicos y amigos cercanos
El mecanismo corrupto utilizado es más viejo que la corrupción, y consistía básicamente en que las empresas que quisieran contratos con Energoatom debían 'pasar por caja', pagando comisiones para asegurar la firma. El dinero, como en todo esquema corrupto que se respete, se recogía en efectivo, se trasladaba a una oficina en el centro de la capital (para que se hagan una idea de los niveles de impunidad) y se lavaba mediante una red de empresas pantalla.
Las ganancias se repartían entre intermediarios, funcionarios y hasta investigadores de la propia Oficina Estatal de Investigaciones, que cobraban un 5 % para no investigar. Vaya, ¿cómo es posible que Ucrania no haya ingresado aún en la Unión Europea con semejantes procedimientos? ¡Pero si más 'jardín' no puede ser!
En estos casos, lo más habitual en lo más alto de la jerarquía del poder es desmarcarse de la trama, decir que se trataba de unas cuantas manzanas podridas y que apenas se tenía relación con ellas, pero todo eso está especialmente difícil en este caso. Y es que el líder del esquema corrupto es Timur Míndich, socio y amigo personal de Zelenski desde hace décadas. Ambos coincidieron en el estudio Kvartal 95, donde el segundo protagonizó varios de los proyectos audiovisuales que lo llevaron a la fama. La mayoría en idioma ruso, por cierto, y algunos de ellos estrenados tanto en Ucrania como en Rusia después de 2014, a pesar del estallido en el Donbass y la reincorporación de Crimea a la Federación Rusa.
Zelenski no cesó su participación en el estudio (o, de acuerdo con su discurso actual, "mantuvo negocios con los ocupantes") hasta 2019, cuando ganó la presidencia y vendió su participación a Míndich, precisamente. Pero no nos desviemos del tema central. Poco antes de que se destapara el escándalo, alguien puso sobre aviso a Míndich, que desapareció de la noche a la mañana. Nada sorprendente en un país en el que hasta la corrupción está corrompida.
Actualmente, se desconoce el paradero del socio y amigo de Zelenski, que nunca tuvo un cargo gubernamental u oficial (ni falta que le hacía, con semejante contacto), aunque se especula que podría haber escapado rumbo a Tel Aviv, ya que tiene doble nacionalidad ucraniana-israelí. Vaya. Tremenda dupla de pasaportes la de Timurcito, como para ponerse a sospechar que pudiera estar envuelto en algo turbio, ¿verdad?
Además de Míndich también se esfumaron los hermanos ucraniano-israelís Mijaíl y Alexánder Zukerman, señalados en la investigación como responsables de las empresas de lavado que integraban la trama. En las grabaciones se puede escuchar a uno de ellos quejándose de lo pesado que es cargar más de millón y medio de dólares en efectivo dentro de una caja. Ya ven que, a pesar del lujo, la vida del corrupto está llena de sinsabores.
Sopresa fingida en medio del derrumbe
El escándalo tuvo sus repercusiones políticas de inmediato, ya que las grabaciones incriminan a prácticamente Raimundo y todo el mundo (o, mejor dicho, a 'Raimundenko' y todo el mundo) en la élite política en Ucrania.
En cuestión de horas, renunciaron o fueron renunciados prácticamente todos los altos cargos de Energoatom, la ministra de Energía, el ministro de Justicia y, de una manera algo retroactiva, el viceprimer ministro y ministro de Unidad Nacional, que se adelantó al escándalo y se quedó sin cargo hace unos meses, envuelto en otros casos de corrupción a los que ahora se suma este en su historial delictivo. Hasta el ministro de Defensa está pasando por un momento amargo, mientras trata de explicar que el hecho de que se vea salpicado por las grabaciones no implica que hiciera nada irregular.
De momento, Zelenski trata de fingir que la cosa no va del todo con él, aunque le lleguen salpicaduras de todos los lados. El escándalo saltó a todos los medios hegemónicos, aunque la mayoría lo aborden con un aire comprensivo en el que el expresidente ucraniano (y presidente autoproclamado desde 2024) sería más víctima que victimario.
Sin embargo, esto podría cambiar en cualquier momento, porque más allá del volumen del escándalo, hay que prestar atención al 'tempo' en que el caso sale a la luz. Hasta 2022, Ucrania era consistentemente descrita como una de las naciones más corruptas de Europa, incluso por medios nada sospechosos de prorrusos, y nadie en su sano juicio cree que esa corrupción endémica haya menguado justo en medio de una guerra en la que el dinero del 'mundo libre' entra a raudales en las arcas ucranianas. Al contrario.
Además, el pasado verano, Zelenski trató de limitar la capacidad de las agencias anticorrupción, jugada que pudo costarle muy cara entonces y que muchos interpretan como un intento de atajar la oleada de escándalos que ahora comienzan a destaparse.
En lo que respecta a este caso en concreto, en Ucrania era un secreto a voces que Míndich llevaba una vida más propia de magnate de Hollywood que de productor ucraniano, incluyendo una leyenda urbana sobre inodoros de oro en su baño. Y en estos días salieron fotografías que confirman su existencia.
Es decir, este descubrimiento del agua tibia en forma de "oh my gosh, resulta que la propaganda rusa no mentía", justo en medio de los cada vez más frecuentes avances rusos en el frente, es una señal inequívoca de un resquebrajamiento que los patrocinadores de Zelenski están intentando o maquillar o acelerar para cambiarlo por otra marioneta obediente al servicio del Norte Global.
Y aunque puedan parecer escenarios distintos, en el fondo se trata del mismo objetivo: continuar la guerra proxy contra Rusia, impuesta a Kiev desde hace una década por sus patrocinadores, con o sin Zelenski.