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Opinión y Actualidad

Destrucción mutua asegurada

¿Sigue vigente el principio de disuasión nuclear? ¿Cuán lejos o cerca estamos de un error de cálculo o de un incidente que derive en un ataque con armas atómicas? A 80 años de Hiroshima y Nagasaki, la película "Una casa de dinamita" nos advierte, sin exagerar, sobre el peligro latente.

23/11/2025

Por Fabián Bosoer, en diario Clarín
Hubo una doctrina que se llamó “Destrucción Mutua Asegurada”, cuyo acrónimo (MAD) significa también “locura”. Estaba basada en el equilibrio del terror entre las dos superpotencias principales -los EE.UU. y la URSS- en posesión de armamento atómico. Y sostenía que el uso total de armas nucleares por parte de dos o más bandos opuestos provocaría la aniquilación completa tanto del atacante como del defensor, lo que operaría como un efecto disuasorio de su utilización.

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Fue un pilar de la Guerra Fría y del orden mundial que evitó una nueva guerra mundial, la “larga paz” regada de conflictos convencionales y no convencionales que rigió en los últimos 80 años. El fin de la Guerra Fría no trajo “una nueva era de paz, prosperidad y cooperación” sino distintos arreglos y desarreglos de un basamento resquebrajado. Primero fue la idea de que la unipolaridad podría cubrir ese vacío. Luego, que lo haría la multipolaridad.

La carrera armamentista, mientras tanto, se quedó sin contención. La proliferación nuclear, sin controles efectivos, los acuerdos y tratados de desarme, en el desván de los trastos viejos. Y ahora, con las grandes potencias liberadas de toda atadura o auto-restricción, con la idea de que pueden “ser grandes otra vez”: “la Gran Rusia”, “el Imperio del Centro”, “MAGA”.

La película de Kathryn Bigelow, con guión de Noah Oppenheim, “Una casa de dinamita”, disponible en Netflix, pone el dedo en la llaga de ese peligro latente: el planeta Tierra es un cráter que puede hacer erupción en cualquier momento. Y nadie está completamente a salvo.

Si en "Trece días" (2000), la recordada producción protagonizada por Kevin Costner, se reconstruía paso a paso el momento decisivo de la crisis de los misiles en Cuba (1962), las febriles negociaciones entre la Casa Blanca y el Kremlin que tuvieron en vilo al mundo y finalmente desactivaron la escalada, aquí la cámara nos introduce en el marasmo de la "sala de crisis" ante la falta de interlocutor: ya no hay "teléfono rojo" entre Washington y Moscú. ¿Beijing...? Silencio de radio. ¿Quién puede descifrar la lógica con la que actúa Corea del Norte? ¿Cuántas otras entidades o grupos podrían tener acceso a armas atómicas?

El diálogo que sostiene el presidente de los EE.UU. a bordo del Air Force One con su asistente portador del maletín nuclear, en el instante en que debe decidir ordenar o no una retaliación frente a un inminente ataque de una ojiva atómica, condensa el drama. Están a minutos de que ese misil de origen no identificado caiga sobre territorio norteamericano. Todas las salvaguardas y protecciones fueron perforadas. “Tu llevas esta valija contigo. Yo nunca lo había visto. Te pido que me ayudes, hijo... Siempre pensé que tenerte a mi lado, siguiéndome con ese libro con planes de ataque para ese tipo de armas… la idea era estar listos, ¿cierto? Mantiene a la gente bajo control. Y al mundo en orden. Si ven lo preparados que estamos nadie inicia una guerra nuclear, ¿cierto”, inquiere balbuceante el presidente. Su asistente titubea y responde: “Pero ahora el genio ya salió de la lámpara, Señor. Si no hacemos nada, pensarán que pueden salirse con la suya…”.

El presidente recuerda un podcast que vio: “El tipo decía que fue como construir una casa llena de dinamita. Creamos bombas y todos esos planes y las paredes están listas para explotar. Pero seguimos viviendo ahí…”. La película generó debates y una respuesta del Pentágono que no nos deja más tranquilos, asegurando que el planteo de la película de Bigelow es exagerado. A 80 años de Hiroshima y Nagasaki, la pregunta sobre el riesgo atómico y la eficacia del “paraguas nuclear” sigue presente como un fantasma ominoso. "No sé con qué armas se luchará la Tercera Guerra Mundial, dicen que dijo Albert Einstein, pero la Cuarta se luchará con palos y piedras".