El exjefe había prometido volver a tomar el mando, pero cayó antes del partido del Rojo.
La previa del duelo entre Independiente y Rosario Central, por la fecha 16 del Torneo Clausura, quedó marcada por un grave episodio de violencia institucional. Horas antes del inicio del encuentro, la Policía de la Provincia detuvo a Pablo “Bebote” Álvarez y a un grupo de más de 200 barras, quienes intentaban ingresar al estadio Libertadores de América-Ricardo Bochini.
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Álvarez, histórico líder de la barra brava del Rojo, había anticipado públicamente su intención de “recuperar la barra y su sector en el estadio”. En redes sociales incluso celebró un supuesto retorno:
“Listo, todo confirmado: vuelven ‘Los Diablos Rojos’. Felicitaciones a todos los pibes que se aguantaron más de 3 años afuera de la cancha. Ya estamos en casa”, escribió horas antes.
Sin embargo, el operativo de seguridad lo frenó a tiempo. La policía interceptó al grupo en las inmediaciones del estadio y les aplicó el artículo 5 de la Ley del Deporte, que sanciona la instigación o promoción de grupos violentos.
Tanto Álvarez como los más de 200 barras quedaron detenidos y fueron trasladados a la Comisaría N°1 de Avellaneda. Allí se les imputó el delito de intimidación pública y promoción del desorden en el marco de un espectáculo deportivo.
El episodio quedó registrado en videos que circularon rápidamente en redes sociales.
Horas después, trascendió que la Aprevide había detectado más de 150 actualizaciones de carnets en la sede de Avenida Mitre 470, en Avellaneda. Ante la sospecha de que estas renovaciones respondían a una maniobra vinculada a Bebote y su grupo, el organismo intimó al club a entregar los datos de esos socios. Sin embargo, Independiente no aportó la información requerida, lo que elevó aún más la preocupación por la posible reactivación de la barra.
El hecho encendió alarmas tanto en el ámbito deportivo como en el institucional, en un clima que vuelve a poner en foco la lucha contra la violencia en el fútbol argentino.