X
Opinión y Actualidad

Bebés reborn: ¿arte, terapia o un riesgo para la salud mental?

La confección y venta de muñecos hiperrealistas que parecen bebés de verdad, a los que se conocen como Reborn, está en auge a nivel mundial.

16/11/2025

Por Valeria López, en el diario Clarín

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

Peleá por lo que querés y que no te importe nada. Tu misión en esta vida es diseñar bebés de juguete con rasgos hiperrealistas.” Silvia Curto abrió los ojos y confirmó la epifanía. Muy creyente, el mensaje le había llegado dormida “a través de ángeles”. Quizá Dios. Quizá la vida. Quizá el destino le estaban marcando por dónde tenía que avanzar.

Corría 2010. Mamá de cuatro hijos, siempre había sido creativa con su imaginación y con sus manos. Sus “caballitos de batalla” eran los duendes que siempre regalaba a propios y ajenos. Pero esta vez el desafío era mayor.

“¿Crear juguetes parecidos a los humanos? No podemos creer que te dediques a eso. Es una locura total. No vas a vender nada”, le dijeron duramente en su círculo familiar más íntimo cuando, con entusiasmo, les contó su sueño.

“¿Por qué no?”, retrucó ella. Estaba segura. Iba a parir su propio proyecto. No había marcha atrás.

Guiada por el instinto, empezó a investigar. Descubrió que “la punta del iceberg” estaba lejos, en Alemania. Allí, durante la Segunda Guerra Mundial, las madres reparaban muñecas y muñecos dañados para que sus hijas y sus hijos pudieran entretenerse en el medio de la hostilidad y las bombas. Allí estaba el gen calcado de su propio proyecto, que nacería, avanzaría y tomaría impronta propia.

“Nadie creía en ella cuando arrancó. El que trabajaba era mi papá. Mi mamá se quedaba en casa con nosotros cuatro e iba unas horas a su taller a hacer manualidades para vender o sus duendes para regalar. Estaba sola contra el mundo. Hasta que un día todo cambió”, recuerda Milagros Padilla, hija de Silvia, y hoy puntal y base en la ciudad de Buenos Aires de Tu bebé favorito, proyecto que en sus inicios se llamó Tiernos angelitos.

Entre críticas y amenazas

Aquel volantazo de Silvia fue bisagra para ella y se transformó en un suceso histórico para el país. Después de viajar a Europa a tomar cursos y nutrirse con la experiencia norteamericana de los ’90, puso en marcha el primer emprendimiento de bebés reborn (en inglés, renacidos) de la Argentina.

Revolucionaria y resiliente, soportando críticas y hasta amenazas de muerte por lo jugada de su iniciativa, Curto había transformado su sueño en realidad.

Casi dos décadas después, la rebornista no es la única que diseña bebés que, por momentos, parecen reales. Hoy el fenómeno reborn se trasladó y crece sobre todo a través de las redes y las webs con diversos perfiles y públicos de distintas generaciones.

Actualmente el norte de los rebornistas argentinos –vendedores y compradores- explora tres vetas: la lúdica, para chicos que prefieren muñecas y muñecos con rasgos más reales; la artística, para coleccionistas y artistas plásticos que piensan a los bebés como obras de arte; y la terapéutica, para pediatras y puericultoras que los suman a sus consultas y para aquellas y aquellos que sufrieron alguna pérdida o pelean la batalla contra la infertilidad o alguna enfermedad mental, entre otras variables.

Ilusión a medida

¿Cómo se fabrica un reborn en la Argentina? ¿Cuál es su costo? ¿Quiénes son sus compradores y los motivos de su elección? Cada bebé reborn es un ejemplar casi único e irrepetible. Suele haber no más de quince réplicas en todo el mundo. Su creación es artesanal y tarda por lo menos una semana.

La mayoría de las piezas que se necesitan para fabricarlos son importadas de Europa. En el proceso, los rebornistas convierten esas partes de un muñeco clásico en un bebé de tamaño, peso y textura que imita a los reales.

Para lograrlo, injertan cabello natural individualmente y con aguja, recrean las expresiones faciales y corporales, aplican capas y capas de pintura especial y, en algunos casos, hasta logran desarrollar mecanismos que simulan algunos de los movimientos humanos.

¿El resultado? Un muñeco o una muñeca que se ve, se siente y hasta huele -por un componente aromático que incluyen en el proceso- como un bebé real.

En internet hay decenas de cuentas y webs con catálogos que ofrecen variedad de piezas con formas, tamaños y colores para diseñar a los bebés.

Según la demanda, los vendedores piden tal o cual pieza que llegan en lo que se denomina “un kit”. Con el paso del tiempo, las posibilidades de confección fueron ampliándose con combinaciones infinitas en vinilo como material primario.

Generalmente, los bebés reborn llegan con pañales, ropa e incluso certificados de nacimiento como accesorios.

Su costo promedia los 400.000 pesos aunque el valor total depende del modelo y también de su complejidad.

“Comparados con los primeros reborn que hicimos, hay una diferencia sustancial. Los primeros kits eran muy simples y básicos. Los muñecos tenían pocos detalles. Ahora son cada vez más realistas”, subraya Padilla.

El universo que espera

Del otro lado de la creación está la persona que espera la muñeca o el muñeco. En nuestro país, siguen siendo las niñas de entre 4 y 11 años las que concentran la demanda. Quieren bebés muy parecidos a los reales para jugar.

A veces, son ellas mismas las que se conectan vía redes o páginas para arrancar la gestión que después siguen sus padres. Conviven en el mismo universo con los adultos que compran bebés hiperrealistas por distintos motivos.

En ese sentido, Padilla cuenta que recientemente le entregaron un muñeco a una mujer que había perdido un embarazo.

Sus terapeutas le habían recomendado un bebé hiperrealista para hacer el duelo y despedirse emocionalmente de su hijo.

“Fue durísimo, pero nos fuimos con la esperanza de que nuestro reborn le iba a hacer bien para seguir adelante. Que iba a ser como un alivio para ella”, cuenta Padilla.

En Rosario, la llegada del primer bebé reborn a la casa de Marina, hoy de 91 años, fue también consecuencia de una situación traumática. En plena pandemia, su hija Silvana empezó a verla muy caída y además triste.

Aislada de todo, Marina cayó en un pozo depresivo preocupante.

“Estaba decaída, no quería hacer nada. Un día se me ocurrió darle una muñeca que era de mis hijas cuando eran chicas para que la acondicionara. En su intercambio con la muñeca, noté que cambiaba favorablemente su actitud. Se la veía más animada. Fue entonces que se me ocurrió comprarle el primer bebé reborn que venía con los ojitos cerrados, dormido”, cuenta Silvana sobre los orígenes del vínculo entre su madre y el mundo reborn que llegó para “rescatarla”.

La presencia de ese muñeco hizo que Marina pudiera descansar mejor y se levantara contenta. Hoy tiene cuatro ejemplares en su cuarto, sobre una cómoda. Son sus custodios y aliados. Están cerca de su cama. Para ella son “el nene”, “la nena”, “el chiquito” y “el grandote”. Esos son sus nombres.

“Después del primer bebé reborn me pidió más muñecos y así le fui comprando el resto. Mi mamá siempre cosió y tejió y actualmente se entretiene haciéndoles ropa o escarpines. Su neurólogo me dijo que, junto con el tratamiento médico que hizo, los reborn despertaron su memoria emotiva de cuidado y fueron su escape. Funcionaron como los muñecos de apego en los chicos. Con ellos, tenía y tiene a quién cuidar”, comparte Silvana.

Ella misma tuvo su propia experiencia con los bebés hiperrealistas. Antes de jubilarse, era maestra de chicos de entre 4 y 6 años. Un día llevó a la escuela uno de los bebés de Marina y los alumnos quedaron enamorados. A través de ellos, les enseñó a cuidar a sus hermanos más pequeños.

No fue la única de la familia con “espíritu rebornista”. Una de sus sobrinas, coleccionista de Barbies, le pidió un reborn como regalo para su fiesta de 15.

Como a Marina, los reborn fueron salvavidas de muchas y muchos en pleno aislamiento por la pandemia.

“En 2020, la venta de reborn tuvo un aumento exponencial. Vendíamos un promedio de cinco bebés reborn por día a distintos puntos del país. Ahora se venden unos 20 por mes”, explica Padilla.

Argentina en el mundo reborn

Puntal de lanza, Europa sigue movilizada por los muñecos hiperrealistas. En Álava, España, tuvieron la tercera edición del Reborn Event a principios de este mes. Se hizo en el Palacio de Congresos Europa de Vitoria-Gasteiz y reunió a artistas y expositores comprometidos con estos productos.

Entre otros adelantos, se presentaron muñecas y muñecos con dispositivos electrónicos que podían simular la respiración o incluso el latido del corazón.

Según medios españoles, los reborn en esa gran exposición tenían precios variados: desde 300 hasta 5.000 o 6.000 euros. El que se vendió más caro fue a 3.000.

La diferencia de los valores está relacionada con la calidad de los materiales de los muñecos. Los ojos, por lo general, se hacen con cristal; pero si se busca más durabilidad se elige otro material, la resina. Lo que se debe cuidar, en ese caso, es que el peso total del bebé reborn no supere al de uno real.

“El trabajo de darles forma a las terminaciones es totalmente artesanal. Hay que cuidar todos los detalles. Aunque una artista utilice el mismo kit y los mismos colores nunca le va a salir un resultado idéntico. Cada uno lo ve a su manera, hace una mezcla propia de colores, elige el pelo de una tonalidad y forma... Incluso cuando nos encargan gemelos reborn se nota diferencia”, le comentó Nina Shepel al portal Noticias de Álava.

Tendencia a la exageración

De este lado del océano, Brasil experimentó recientemente un boom inédito con los bebés hiperrealistas, lo que elevó la preocupación de autoridades y profesionales de la salud mental.

Detectaron casos de familias que “adoptaron” muñecas y muñecos a los que empezaron a tratar como humanos. Con la viralización de videos en las redes como escenario de amplificación sin precedentes, se encendió la luz de alerta.

En Salvador de Bahía, por ejemplo, una mujer de 32 años con una muñeca reborn denunció a sus jefes cuando le negaron una licencia por maternidad para cuidar de ella. Según sus abogados, esto le causó un profundo trauma psicológico por el vínculo con “su hija”.

Finalmente, la mujer desestimó la presentación. Como situación también extrema, en el estado de Minas Gerais, un sacerdote de la diócesis de Divinópolis se negó a bautizar, dar catequesis y la primera comunión a muñecas o muñecos reborn. En sus redes, mandó a madres y padres con estos pedidos a hablar con psicólogos y psiquiatras.

No es todo. En distintas ciudades brasileñas existen clínicas en las que, quienes compran bebés reborn, pueden asistir a su nacimiento en una sala de partos idéntica a la convencional.

Incluso circuló un video en el que una mujer llevaba una muñeca reborn a un hospital para una consulta.

En un punto más equilibrado, “madres e hijos reborns” tuvieron su fiesta en un encuentro en mayo en el parque Villa Lobos de San Pablo. Fue solo para intercambiar experiencias y vivencias.

México también está experimentando tímidamente una tendencia “a la brasileña”. Recientemente, explotó la controversia alrededor de la actriz Kate del Castillo (protagonista de la telenovela La reina del Sur) que, a los 53 años, “adoptó” una beba reborn a la que llamó Guadalupe por la virgen patrona de su país.

“Lupita, eres la hija perfecta”, declaró Castillo desatando todo tipo de opiniones.

La misma polémica generó en Colombia el bebé reborn apodado “Batmancito” al que sus “padres”, Alejandra y Jaime, quienes luchan contra la infertilidad, convirtieron en fenómeno viral. Pidieron que se utilice Inteligencia Artificial para procesar datos y lograr que tenga un parecido físico a ellos.

¿Hay chances en nuestro país de cruzar en algún momento la barrera de lo lúdico y lo artístico con respecto a estos “bebés”?

“No estamos de acuerdo con el rumbo que tomó en Brasil. Es un extremo al que no creemos que nuestro país llegue”, reflexiona la pionera Curto. “El reborn tiene una energía particular, es único: busca transmitir la calma de tener un bebé en brazos pero no es un bebé. Es una obra de arte”, añade.

“Si a los bebés los tienen los chicos para jugar, está bien porque es un juguete. Ahora, si lo usa un adulto que confunde al reborn con un bebé de carne y hueso estamos ante un gran problema, una amenaza a la salud mental”, remarca la doctora en Psicología, Charo Maroño, integrante de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

“En casos como los de Brasil se anudan cuestiones que no son reales, pero parecen. ¿Hasta dónde impacta en nuestro psiquismo algo que desdibuja el criterio de realidad, que distorsiona lo que es real de lo que no? Las personas que caen en este estado deberían estar acompañadas de un sujeto con cierto grado de fortaleza psíquica y de criterio para no perderse. Y, sobre todo, de un terapeuta”, agrega Maroño.

¿Qué sentimientos y emociones primitivas puede despertar un bebé reborn? ¿Por qué algunos lo ven como un objeto tierno y lúdico e incluso una obra de arte y otros como un objeto altamente controversial y hasta una amenaza?

Los bebés reborn polarizan las opiniones. Acaso en esa dualidad latente radique el motivo por el cual los bebés hiperrealistas tienen como destino siempre renacer.

TEMAS Salud Mental