El joven santiagueño logró cumplir su sueño de participar en la tradicional carrera luego de atravesar una hepatectomía parcial. “Con dedicación y fe, todo se puede lograr”, expresó emocionado.
Cada edición de la maratón de El Liberal siempre deja muchas historias. En la última edición, por los 127 años del decano del norte argentino, hubo una en particular. Es la de Diego Soria, un joven santiagueño que hace apenas unos meses fue sometido a una hepatectomía parcial del hígado y, contra todos los pronósticos, logró completar los 10 kilómetros de la competencia.
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“Siempre quise hacer esta maratón, pero tenía miedo de no poder lograrlo”, contó Diego en diálogo con Diario Panorama. Su testimonio refleja no solo la exigencia física de la carrera, sino el enorme valor simbólico que tuvo para él cruzar la meta.
La intervención quirúrgica lo había mantenido internado durante mucho tiempo en el Hospital Naval, en la provincia de Buenos Aires. Recuperarse no fue fácil: los tratamientos, las limitaciones y la incertidumbre marcaron un proceso lleno de altibajos. Sin embargo, la fe, el acompañamiento de su esposa y el apoyo de su entorno fueron determinantes para que su sueño no quedara en pausa.

“Gracias a Dios y a mi esposa he podido lograrlo”, expresó emocionado. También tuvo palabras de gratitud para Mani Zuain, la profesora que dirige un grupo de atletas en El Zanjón y que lo ayudó a prepararse para el desafío.
Aunque su entrenamiento fue irregular —“a veces no podía por el trabajo, ya que me desempeño en el área de salud”—, Diego nunca bajó los brazos. “Muchas veces pensé que no lo iba a poder lograr, pero hoy entendí que con entrenamiento, dedicación y sacrificio todo se puede lograr”, sostuvo.
El momento más intenso fue, sin dudas, el cruce de la meta. “Los últimos metros antes de la llegada son únicos. Es una mezcla de adrenalina y paz. Sentí como Dios me decía que era lo último, que tenía que aguantar un poquito más. Para los que somos cristianos, esos momentos son muy lindos. Todo esto es para la gloria de Dios”, relató con profunda emoción.
Hoy, Diego ya piensa en nuevos desafíos: “Tengo ganas de hacer la próxima edición, pero esta vez la de los 21 kilómetros”, adelantó con una sonrisa.
Su historia es un recordatorio de que la fuerza de voluntad y la fe pueden ser más poderosas que cualquier obstáculo físico. Y que, en cada carrera, no se trata solo de llegar primero, sino de no rendirse nunca.