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Opinión y Actualidad

Cristina, Milei y un índice que debería preocupar

Argentina cayó este año 16 puestos en el EQx, que mide la calidad de las elites. Estas pueden “ampliar la torta” y crear valor en beneficio de todos o buscar mejoras sólo para un sector determinado.

10/11/2025

Por Silvia Fesquet
Para Clarín

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El 6 de noviembre deberá quedar marcado en la historia argentina: ese día arrancó el juicio por los Cuadernos de las Coimas, “la mayor maniobra de corrupción de los últimos veinte años” según la Justicia, en el que la ex presidenta Cristina Kirchner está acusada de ser la jefa de una asociación ilícita que cobraba sobornos a contratistas del Estado. En caso de ser condenada, la pena se sumará a los 6 años de prisión por la causa Vialidad. Entre los imputados hay ex funcionarios y sesenta empresarios. La coyuntura es propicia para revisar algunas cuestiones.

Ganador del Premio Nobel de Economía en 1971, Simon Kuznets acuñó alguna vez  aquella famosa frase de que hay cuatro tipo de países: desarrollados, subdesarrollados, Japón y Argentina. En su libro “Por qué fracasan los países”, sus colegas Daron Acemoglu y James A. Robinson, -que junto a Simon  Johnson se alzaron con el mismo galardón el año pasado- se refieren al caso argentino. Y plantean que si bien a primera vista, el resultado económico de Argentina es desconcertante, teniendo en cuenta que en la Primera Guerra Mundial era uno de los países más ricos del mundo, “las razones de su declive se comprenden cuando se miran a través del cristal de instituciones inclusivas y extractivas”.

Desarrollado por la Universidad de St. Gallen, algo de esto es lo que refleja el EQx, un índice de economía política que mide y clasifica a los países según la calidad de sus elites, es decir, los grupos que tienen la mayor capacidad de coordinación de los recursos clave de una sociedad. “La calidad de la elite se entiende  -explican- como el impacto agregado de los modelos de negocio de las elites en las esferas política y económica de la sociedad, que puede ser de creación de valor (positivo) o de extracción de valor/ búsqueda de rentas (negativo)”.

La creación de valor sería “ampliar la torta” en beneficio tanto de las elites como del resto de la sociedad. La búsqueda de rentas es lo opuesto, y beneficiaría sólo a determinados sectores. Las elites de alta calidad son las que aportan a la sociedad más de lo que reciben y son entonces las que “maximizan el desarrollo económico y humano inclusivo de un país a largo plazo”.

Después de haber subido en 2024 nueve puestos en el ranking global con respecto al año anterior, la Argentina cayó 16 lugares en 2025, y se ubicó en la posición 86 de entre 151 países.

Transparencia institucional, corrupción, acceso a derechos humanos, movilidad social y libertad de prensa, entre otros, son indicadores tomados en cuenta en la medición.

Pablo San Martín, presidente de la firma de auditoría SMS Latinoamérica estuvo a cargo del informe sobre Argentina. La caída obedece, de acuerdo con el estudio, a un “estancamiento hegemónico – la lucha entre dos grupos hegemónicos con visiones antagónicas para el desarrollo del país, que se alternan en el poder sin tiempo suficiente para implementar su visión de manera duradera y con resultados efectivos”, lo que se ve “en el modo en que el país encara el desarrollo económico y humano”.

Establece que se han “priorizado políticas de muy corto plazo impuestas por la hegemonía de turno en detrimento de cuestiones estratégicas consensuadas”. Y marca una fuerte suba en la concentración de la riqueza, lo que demostraría el carácter extractivo de la elite argentina. Señala San Martín que “tradicionalmente la elite argentina no ha utilizado su influencia para crear oportunidades de trabajo para los ciudadanos”. El acceso a la información a través de la libertad de prensa cayó más de veinte lugares.

El resultado electoral del 26 de octubre, el pedido de Washington para que prevalezcan la negociación y los consensos, esta versión pasteurizada que mostró Javier Milei desde entonces ¿podrán operar algún cambio real en lo que parece ser un paradigma que se mantiene en la Argentina más allá de quienes la gobiernen? ¿O triunfará el gatopardismo y todo cambiará para que todo siga como está?