Cayó pésimo el bailoteo en su balcón la noche de la derrota y peor su documento contra Kicillof. ¿Llegó la hora del retiro?
Por Pablo Sirvén, en el diario La Nación
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Cuando Javier Milei, como en 2023, volvió a llenar las urnas de votos libertarios contra todos los pronósticos, en la noche del domingo último, los analistas “serios” ajustaron las tuercas de sus oráculos fallidos a velocidad supersónica y hasta los stremears kirchneristas, aún embargados por la perplejidad, ensayaron inéditas autocríticas.
No era para menos: el peronismo sufría una derrota inesperada en su principal bastión, la provincia de Buenos Aires, y a nivel nacional el mileismo conseguía 1.600.000 votos más que Fuerza Patria y coaliciones afines.
Por eso nadie entendió qué significado pretendió darle Cristina Kirchner a sus danzarines movimientos en el balcón de su casa en una noche tan ruinosa para la fuerza que preside. Más que una provocación al antiperonismo, como en otras ocasiones, su inoportuno bailoteo esta vez fastidió como nunca a los propios, desde la CGT a Julia Mengolini. El rechazo fue generalizado, salvo para la presidenta del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, Florencia Saintout, que arrimó un argumento naif: “baila porque quiere”. Página 12 osó destacar en un título “la centralidad del balcón de Cristina”, pero en los comentarios del artículo no imperó precisamente el buen humor. “Tienen que correrse todos” (CFK, incluida), era el sentimiento que prevalecía.
¿Festejaba, acaso, con su improvisada coreografía que ella había advertido repetidas veces que no convenía desdoblar las elecciones bonaerenses de las nacionales y que, al no hacerle caso, ahora Axel Kicillof vería comprometida su candidatura presidencial para 2027 para su gran regocijo?
Quien buscó en las cuatro páginas del documento que dio a conocer anteayer sobre los resultados de los comicios de hace una semana alguna autocrítica sobre esa gestualidad festiva tan a contramano de la pesadumbre que embargaba al electorado K se habrá desilusionado porque no hay allí ni la más mínima mención al tema. Y eso que, en voz no tan baja, crece un murmullo desde las entrañas del peronismo para pedirle la renuncia a la jefatura del PJ. Empieza a ser acuciante la necesidad de dar vuelta la página para que una nueva conducción intente sacar al peronismo del atascamiento que le depara derrotas electorales cada vez más seguido.
“Siga bailando tranquila en su balcón -dijo el gobernador salteño, Gustavo Sáenz- y devuélvales los PJ intervenidos a sus legítimas autoridades”. La acusó, además, de haber hecho del partido “una pyme familiar”. Un tiro por elevación a Máximo Kirchner, también muy criticado por sus hombreras y sus gestos incómodos mientras Kicillof asumía la derrota.
El gobernador bonaerense también se las trae: criticó a Milei por no convocarlo a la reunión con los otros mandatarios provinciales, pero a la cumbre con los intendentes que organizó solo invitó a los que pertenecen a su corriente interna.
Desde que cursa la pena de seis años, con prisión domiciliaria, triplemente condenada por corrupción en la Causa Vialidad, la expresidenta apela intermitentemente al “síndrome del reloj cucú”: en cuanto se junta un poco de gente en la esquina de San José y Humberto 1° a vivarla, ella sale, saluda y vuelve a entrar. El baile lo reserva para ocasiones especiales.
Consultado al respecto uno de los jueces que la condenó argumenta que el balcón es parte de la casa que habita y, por lo tanto, con derecho a usarlo. ¿Y qué hay de las molestias que ocasionan los cánticos, las choriceadas, los vendedores ambulantes y hasta las necesidades que dejan en la vía pública algunos manifestantes? El mismo magistrado les resta importancia porque no se trata de algo cotidiano. Asegura que el vecindario hace la vista gorda ante esas molestias esporádicas al verse compensado, en cambio, con una permanente custodia policial en una zona catalogada hasta hace poco de “picante” en materia de seguridad.
Aparte del balconeo, CFK apela a otros cuatro dispositivos de comunicación para hacerse notar: 1) la “foto/visita” registra qué personajes notables acuden a verla, desde dirigentes cercanos a personajes como el cantautor cubano Silvio Rodríguez y hasta liberales conversos, como Carlos Maslatón; 2) audios que graba para ser pasados en algún acto partidario; 3) los documentos en los que se explaya con mayor amplitud sobre temas políticos y hasta económicos y 4) su destacada presencia en redes sociales (algo más de 6 millones de seguidores, en X; 1.600.000, en Instagram; 509.000, en TikTok).
CFK no quiere hacerse cargo de que su tiempo ya pasó y que empieza a ser una carga pesada para la dirigencia peronista. En su reciente documento porfía sobre “lo que viene y lo que hay que hacer”.
Su mensaje previo a las elecciones había sido: “Argentinos, ya saben lo que hay que hacer”.
Y le hicieron caso: una mayoría le votó en contra.