La pandemia, la crisis económica y la sobrecarga diaria son los principales factores que disparan los cuadros.
Durante años, frases como “No vayas a decir que tenés depresión” o “Es solo un poco de estrés” marcaron un tabú alrededor de la salud mental. Hoy, aunque la conversación comenzó a abrirse gracias a referentes de la música y el cine, los números siguen en aumento y encienden una señal de alerta.
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El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) reveló que en 2010 el 18,4% de la población adulta presentaba síntomas de ansiedad o depresión. En 2024, esa cifra trepó al 28,1%, es decir, una de cada cuatro personas.
La psicóloga Beatriz Goldberg explicó que este crecimiento está relacionado con el ritmo de vida acelerado, la sobreinformación y la presión social, factores que impactan en la estabilidad emocional. Además, advirtió que la depresión no siempre se expresa en quietud o aislamiento: “Muchas veces puede presentarse con exceso de hiperactividad como escape de la realidad”, señaló.
El estudio expone también las condiciones sociales y económicas que potencian el malestar:
La pandemia de COVID-19 y la crisis económica son señaladas como disparadores centrales. Según Goldberg, el confinamiento generó cuadros de aislamiento y miedo a lo desconocido, mientras que las tensiones financieras derivaron en conflictos familiares y mayores niveles de angustia.
Los adultos de entre 60 y 74 años son actualmente el grupo etario con mayor prevalencia, desplazando a la franja de 35 a 39 años, que lideraba años anteriores.
Ante este panorama, los especialistas subrayan la importancia de acudir a profesionales de la salud mental y recomiendan que familiares y amigos acompañen a las personas afectadas sin presión ni juicios, fomentando una actitud proactiva y el cuidado personal.
“Sabemos cuándo algo no está bien: cuando dejamos de poder disfrutar, de sentir alegría o de conectar con lo que nos rodea. Ahí es cuando debemos prestar atención y preocuparnos”, concluyó Goldberg.