El actor de 'Fast & Furious', 'Los mercenarios' y 'Transporter' protagoniza una de las películas de acción más esperadas de 2025.
Por Blai Morell
Para Fotogramas
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Estaremos de acuerdo, y quien no lo esté, luego nos vemos en la calle, en que Jason Statham es el último mohicano del cine de acción destinado a las salas de cine, con el permiso de Alan Ritchson (Reacher), firme candidato a convertirse en rival y/o relevo. Está comprobado: no hay villano que le tosa, y aquí vuelve a recordarnos que lo suyo es repartir estopa sin preguntar. Basada en la primera de las novelas de Chuck Dixon protagonizadas por el exmarine metido a trabajador de la construcción Levon Cade, una especie de Jack Reacher obrero, y concebida casi como si fuera el inicio de una saga -esa aparición fugaz de algún personaje que seguro que tendrá protagonismo en futuras entregas-, la película te agarra de la pechera desde el minuto uno y te traslada emocionalmente a los 80, a aquel cine de acción que ya parece desterrado de los cines.
Suerte de un tipo como David Ayer, que vuelve a reunirse con nuestro calvo británico predilecto después de aquel recital de mamporros condimentados con miel que era Beekeeper: El protector. Él mantiene viva esa llama, dirigiendo con mano firme, sabiendo lo que se cuece. Y encima, el guión lo firma el mismísimo Sylvester Stallone, que ya hizo lo mismo con otro vehículo al servicio de Statham, El protector, con esas frases que parecen sacadas de un póster motivacional de gimnasio y una épica tan básica que te transporta a los días en que el bien y el mal se dirimían a puñetazo limpio, aquí aderezados con una ínfima dosis de drama familiar con la historia de la hija del protagonista. Pero vamos, que esto no es El Padrino ni se quiere ganar ningún Oscar. Aquí se viene a por la ensalada de tiros y golpes por doquier. El que quiera ver una de Apichatpong Weerasethakul, que se dirija a la sala de al lado, por favor.
Y es que A Working Man funciona porque conoce a su público y no se avergüenza de ello. Los fans de Statham y del cine de acción saldrán del cine satisfechos, aunque podría haber más puñetazos, brazos rotos y tiroteos a bocajarro, y con la sensación de haber visto una versión actualizada del héroe solitario que imparte su peculiar y elemental sentido de la justicia con sus propias manos. Y aunque el cine de acción ha evolucionado desde aquellos días en los que los músculos y las balas eran el único idioma aceptado, esta película demuestra que aún hay espacio para el arquetipo del hombre duro, sudoroso y de pocas palabras.
Encarnado, claro está, por el hombre que ya hace tiempo cogió el relevo de los Stallone y Schwarzenegger con esa mezcla de estoicismo y mala baba que lo convierte en todo un icono del género. El tipo parco en palabras, con cara de haber desayunado tornillos oxidados y una destreza sobrenatural para hacer de un papel de fumar un arma de destrucción masiva. Con esa mirada de “te voy a partir la cara y luego me tomaré una pinta como si nada”. Ni capas ni crisis existenciales ni mandangas: lo suyo es repartir a diestro y siniestro, y disparar o acuchillar con el arma de turno. Y lo sigue haciendo de maravilla.
A Working Man es un recordatorio de que el cine de acción puro, con un héroe claro y un caos bien orquestado, sigue teniendo su lugar. Es como ese chute de adrenalina que solo sentías al alquilar una cinta de la Cannon en tu videoclub de
confianza. Así que ponte cómodo, prepara las palomitas y disfruta de esta dosis de nostalgia ejecutada con precisión: Statham y Ayer saben lo que hacen. ¿Revolucionaria? Para nada, ni lo pretende. ¿Adictiva? Como un sábado noche con pizza y el VHS de 'Invasión USA'. Levon Cade ha venido para quedarse, y ya estoy pidiendo la secuela.