El partido del Tomba ante Talleres fue suspendido por un hincha menor de edad que le arrojó un caño de plástico al árbitro Diego Martín.
La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) impuso este jueves una fuerte sanción a Godoy Cruz tras la agresión que sufrió el juez de línea Diego Martín en el partido suspendido frente a Talleres. La decisión se tomó luego de revisar los incidentes ocurridos en el estadio mendocino, donde un proyectil lanzado desde la tribuna impactó en el árbitro asistente.
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El Tomba deberá afrontar una serie de castigos severos que afectarán tanto lo económico como lo deportivo. Las sanciones impuestas son las siguientes:
Descuento de 3 puntos en la tabla general de la Liga Profesional.
Seis partidos a puertas cerradas, sin la presencia de público local.
Multa económica equivalente a 2.500 entradas generales, lo que representa un pago de 50 millones de pesos.
El partido ante Talleres se reanudará, aunque sin hinchas en las tribunas.
El club deberá abonar los gastos de logística al plantel cordobés por el encuentro suspendido.
Además, la AFA solicitó que el club realice una campaña de concientización para condenar la violencia contra los árbitros. Si cumple con esta medida de manera efectiva, podría verse reducida la cantidad de partidos que deberá disputar sin público.
La investigación llevada a cabo por el Ministerio Público Fiscal determinó, a través de las cámaras de seguridad del estadio, que el autor de la agresión fue un adolescente de 13 años. Por su edad, no puede ser imputado penalmente, pero se le impondrán medidas correctivas.
El menor deberá someterse a un tratamiento psicológico y fue sancionado con el derecho de admisión por parte del club, por lo que no podrá ingresar al estadio. Además, sus padres enfrentarán sanciones adicionales por la responsabilidad sobre su hijo, a pesar de que no se encontraban presentes en el estadio al momento del incidente.
La AFA busca con estas sanciones sentar un precedente claro para erradicar la violencia en el fútbol argentino. Mientras tanto, Godoy Cruz deberá afrontar no solo los costos económicos y deportivos, sino también el desafío de recuperar la confianza en su público y garantizar un ambiente seguro en sus partidos.