Sordos ruidos oír se dejan...

Chile, Bolivia y Colombia: la Cordillera está en llamas. En Colombia y en Chile reinó el toque de queda y ambos ejércitos salieron a las calles para reprimir las protestas violentas, mezcladas con los cacerolazos que hace casi medio siglo cercaron al socialismo chileno de Salvador Allende.

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27/11/2019 - Por Alberto Amato para Clarín

En Chile, los uniformados apenas contienen el descontento, mientras apuntan a los ojos de los manifestantes: trescientos heridos con lesiones oculares se registraron las últimas semanas.

En Bolivia no pueden siquiera enterrar a sus muertos. El fenómeno que altera la paz andina es nuevo: protestan todos. El descontento une a estudiantes hartos de modelos educativos que son herencia de dictaduras, a trabajadores que exigen mejores condiciones laborales y q quienes exigen el final de una escandalosa brecha de desigualdad; protestan los indígenas bolivianos y los afrocolombianos; protestan las mujeres, la comunidad LGTB, los sectores de la clase media que ven deslizarse el futuro hacia el sótano de la pobreza; en Colombia, donde los reclamos sociales estuvieron durante décadas a la sombra del conflicto armado, protestan los dirigentes campesinos ante el asesinato de sus líderes: 486 desde 2016, según la Defensoría del Pueblo.

En el centro de las protestas están también las políticas económicas que casi no hacen distingos ideológicos y desatan inflaciones galopantes, los sueldos de políticos y funcionarios, siempre en las nubes comparados con el de los trabajadores, y la omnipresente y expandida corrupción: el fantasma que recorre América Latina.

Fue la poderosa Central Obrera Boliviana la que pidió a Evo Morales que se fuera del gobierno y el Comando Nacional Unitario que agrupa en Colombia a varias centrales obreras, convocó a la movilización y a la huelga general contra el plan económico del presidente Iván Duque. En Brasil, Jair Bolsonaro calificó de terrorismo a todas las marchas pero, por si las moscas, suspendió su reforma del sector público brasileño.

En medio de esas tormentas, Uruguay está en un virtual empate técnico electoral entre los blancos del Partido Nacional y el Frente Amplio. Se define el ganador en horas. Y Alberto Fernández entró en tiempo de descuento hasta el 10 de diciembre. Este es el volátil escenario que le espera. Sordos ruidos oír se dejan…
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